miércoles, 7 de octubre de 2026

Nuestras Fábricas: La Fábrica de hormas de los hermanos Constantino y Manuel Bañón

 Hoy, tras el verano y las celebraciones de las Fiestas Mayores y las Fallas, Radio Elda Cadena Ser retoma, de la mano de Toñi Pérez, el programa radiofónico "Nuestras Fábricas", en el que cada semana, los martes, hablamos de una de las fábricas que hicieron de Elda la pionera en la fabricación de calzados de calidad para mujer y, dado el caso, construyó una red de talleres e industrias auxiliares que darían un esplendor a la industria del calzado de Elda.

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La empresa, fundada en 1897 por Constantino y Manuel Bañón, llegó a comercializar sus hormas en distintos puntos de España y también en Cuba y Filipinas.

Recreación de la nave industrial junto al río Vinalopó

La historia de la industria del calzado de Elda también se construyó alrededor de fábricas auxiliares fundamentales para el desarrollo del sector. Una de ellas fue la fábrica de hormas de madera de Constantino Bañón, creada en 1897 junto al río Vinalopó, en las proximidades del actual barrio de la Estación.


Según explica José María Amat, fundador del Museo del Calzado de Elda y coordinador del espacio radiofónico Historia de nuestras fábricas, la empresa nació después de que los hermanos Constantino y Manuel Bañón adquirieran experiencia trabajando, directa o indirectamente, en la fábrica de hormas Aguado. “Se creó en el año 1897 y se dotó con las máquinas modernas de la época, de aquella fabricación inicial de hormas”, señala Amat. Al frente de la industria se encontraba Manuel Bañón, hermano del propietario y diseñador de las hormas. La llegada de la electricidad supuso un importante impulso para una actividad en la que la mecanización tenía una especial relevancia: “La máquina para la industria de la madera fue mucho más importante que para la industria del calzado, por lo menos en los primeros años”, destaca.


La ubicación junto al Vinalopó respondía también a una necesidad tecnológica. Antes de la llegada de la electricidad, el agua del río se utilizaba para accionar una turbina hidráulica que, mediante un sistema de ruedas, ejes y poleas, permitía mover el denominado embarrado y, con él, las diferentes máquinas de la fábrica. “La fábrica se construyó pegada justo al río Vinalopó para poder sacar el agua del río, elevarla y caerla sobre unas paletas que actuaban como una turbina”, relata Amat. La empresa llegó a tener una superficie de entre 400 y 500 metros cuadrados y alrededor de 40 trabajadores, y alcanzó una notable proyección comercial, con ventas en distintos puntos de la península, las islas españolas y expediciones a Cuba y Filipinas. La competencia con la fábrica Aguado fue además intensa, especialmente por la dificultad de encontrar profesionales especializados en un oficio tan complejo como el de hormero. “Entre uno y otro se iban quitando los mejores operarios”, recuerda Amat, quien explica que esa pugna contribuyó a elevar los salarios de los trabajadores más cualificados. La fábrica de los hermanos Bañón dejó de mostrar actividad después de los años veinte.

* Para escuchar el audio de la entrevista, copia y pega el siguiente enlace:






Elda necesita un liderazgo industrial

 (El día 14 de septiembre de 2026, el alcalde de Elda, Rubén Alfaro, realizó una entrevista en Radio Elda Cadena Ser sobre la ciudad industrial de Elda. Mi respuesta la hice pública en redes sociales)

Creo que sus palabras merecen una reflexión. Alfaro insiste en que las actuaciones relacionadas con la industria deben realizarse «de la mano de los industriales». De acuerdo. Pero entonces surge una pregunta elemental: ¿qué industriales?

 ¿Quién representa hoy realmente al empresariado industrial de Elda? ¿Cuántas empresas zapateras permanecen activas en la ciudad? ¿Cuántas empresas auxiliares? ¿Cuántos trabajadores ocupan? ¿Qué producen? ¿Cuánto exportan? ¿Cuántas han desaparecido durante los últimos diez o quince años y cuántas nuevas se han creado?

 Antes de afirmar que se siguen las demandas de los empresarios convendría disponer de una radiografía precisa de aquello que todavía constituye el tejido industrial de Elda.

 Naturalmente que deben escucharse AVECAL, AEC, y FICE y cuantas organizaciones tengan algo que aportar. Pero una asociación sectorial de ámbito provincial, autonómico o nacional no puede sustituir la existencia de una estrategia económica propia de la ciudad. Elda necesita conocer a sus empresarios, sentarlos alrededor de una misma mesa y preguntarse con ellos qué ciudad industrial quiere ser dentro de diez o veinte años.

 Porque ese es precisamente el papel que echo de menos.

 El alcalde no tiene que fabricar zapatos ni enseñar a un empresario cómo debe dirigir su fábrica. Pero la primera autoridad de una ciudad industrial sí tiene la obligación de ejercer liderazgo: convocar, coordinar, promover, reclamar, abrir caminos y anticiparse a los problemas. Y cuando ese liderazgo empresarial no surge espontáneamente de la sociedad civil, corresponde todavía más a las instituciones propiciar las condiciones para que aparezca.

 Ampliar Finca Lacy es necesario. Mejorar Campo Alto es necesario. Disponer de suelo industrial es imprescindible. Pero no confundamos los medios con el objetivo.

 Los polígonos no crean empresas.

 Las empresas se instalan allí donde encuentran un ecosistema que les ofrece alguna ventaja: suelo disponible y competitivo, trabajadores cualificados, proveedores, tecnología, buenas comunicaciones, financiación, servicios avanzados, agilidad administrativa y, sobre todo, una ciudad que sabe hacia dónde quiere ir.

 No basta con urbanizar terrenos y esperar después que aparezcan empresarios desesperados por instalarse en Elda.

 En Elda sabemos hacer muy buenos zapatos, eso viene de nuy antiguo; preservar la memoria del calzado y construir el futuro del calzado son dos cosas diferentes.

 Hace falta convertir esa historia en economía.

 Hace falta preguntarnos por qué el nombre de Elda, que durante décadas fue conocido en España y fuera de España como sinónimo de zapato femenino de calidad, no constituye hoy un activo comercial suficientemente explotado. Hace falta estudiar seriamente una marca territorial vinculada al calzado eldense y explorar las posibilidades que ofrece la nueva figura europea de las Indicaciones Geográficas para productos artesanales e industriales.

 Hace falta también algo mucho más elemental: saber quién fabrica todavía en Elda.

 Un Ayuntamiento que aspire a dirigir una política industrial debería disponer de un observatorio permanente de su industria: número de empresas, empleo, dimensión, especialidades productivas, exportación, necesidades de suelo, problemas de relevo generacional y oportunidades de inversión.

 Y a partir de ahí elaborar un verdadero Plan Industrial de Elda, con objetivos medibles y calendario.

 Captación de nuevas empresas. Apoyo a las existentes. Internacionalización. Formación profesional especializada. Recuperación de oficios. Innovación. Diseño. Digitalización. Creación de marcas propias. Relevo generacional. Implantación rápida de nuevas actividades. Aprovechamiento de naves industriales vacías. Promoción del nombre de Elda. Y una mesa empresarial local que se reúna periódicamente y no únicamente cuando aparece una crisis.

 Nada de ello corresponde exclusivamente al Ayuntamiento. Generalitat, Gobierno de España, organizaciones empresariales tienen responsabilidades importantes. Pero alguien debe encabezar ese proceso.

 Y ese alguien, institucionalmente, no puede ser otro que el alcalde.

 Después de más de una década al frente de la ciudad no basta con explicar que la solución depende de todos. Gobernar consiste precisamente en conseguir que todos esos actores trabajen en una misma dirección.

 Elda fue capaz durante más de un siglo de crear una de las mayores concentraciones industriales del calzado de España. No ocurrió porque alguien construyera primero un polígono y esperara acontecimientos. Ocurrió porque existieron empresarios, trabajadores cualificados, conocimiento, iniciativa, instituciones y una extraordinaria cultura industrial que se transmitía de generación en generación.

 Una parte de aquel liderazgo empresarial se ha perdido.

 Precisamente por eso Elda necesita ahora más liderazgo institucional, no menos.

 Señor alcalde: ampliar nuestros polígonos es positivo. Mejorar sus infraestructuras también. Pero antes de preguntarnos cuánto suelo industrial necesitamos deberíamos responder a una pregunta bastante más importante:

 ¿qué proyecto industrial queremos para Elda?

 Esa es la pregunta que todavía está esperando respuesta.