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sábado, 7 de febrero de 2026

Nuestras fábricas: La historia de Viuda de Antonio Juan Busquier

 

Trabajadores de la empresa en una manifestación el 18 de julio de 1945


POR SUS OFICINAS Y TALLERES PASARON TRABAJADORES Y VIAJANTES QUE MÁS TARDE FUNDARÍAN SUS PROPIAS FÁBRICAS
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De nuevo Toñi Pérez en una entrevista en radio Elda Cadena Ser, nos presenta una gran empresa de fabricación de calzados en Elda.
Durante décadas, el espacio que hoy ocupa la plaza del Zapatero fue uno de los corazones industriales de Elda. Entre jardines, palmeras y grandes naves fabriles, se asentaron empresas que marcaron el crecimiento urbano y económico de la ciudad. Una de ellas fue la fábrica de la viuda de Antonio Juan Busquier.
“En lo que hoy es la plaza del Zapatero, había dos grandes empresas… estas fábricas estaban casi siempre rodeadas de un jardín, con grandes palmeras, que estuvieron ahí hasta prácticamente cuando empezó a definirse la plaza”, recuerda el investigador y fundador del Museo del Calzado de Elda José María Amat.
                Viajantes y representantes de la zona norte durante una romería en Galicia


DE UN PEQUEÑO TALLER AL CORAZÓN INDUSTRIAL DE LA CIUDAD
Antonio Juan Busquier inició su actividad en 1924 en un modesto taller de calzado infantil situado en la calle San Blas. Como ocurrió con muchas industrias locales, el zapato de niño fue el origen de una aventura empresarial que pronto crecería. Tras separarse de su socio, Busquier adquirió unos terrenos donde levantó una fábrica de casi 2.000 metros cuadrados, ocupando antiguas naves que databan de finales del siglo XIX.
“Antonio Juan Busquier, con un amigo suyo, montaron un pequeño taller de fabricación de calzado de niños. Elda nació al calzado, al niño”, explica Amat, subrayando el papel fundacional de este tipo de producción en la ciudad.
FÁBRICAS, PALMERAS Y EXPANSIÓN URBANA
Las fábricas de aquella Elda industrial no solo producían calzado, también transformaban el paisaje urbano. Las palmeras que rodeaban las naves eran símbolo de progreso, y su traslado marcaba el avance de las calles y barrios.
“Conforme iban arrancando palmeras, la ciudad avanzaba en sus calles. Eran un sinónimo de la fuerza expansiva de Elda”, señala José María Amat.
Ramón Navarro, apoderado de la empresa; Aurora Juan, gerente y Luis Coronel, viajante


GUERRA, EXILIO Y UNA MUJER AL FRENTE
La Guerra Civil truncó la trayectoria de Antonio Juan Busquier. Ante la inestabilidad y la violencia, cerró la fábrica y se exilió con su familia a Casablanca, donde falleció pocos meses después. Fue entonces cuando su viuda, Balbina Navarro Poveda, regresó a Elda para retomar la actividad industrial en un contexto especialmente difícil.
“Era una mujer joven, con dos hijos, pero con mucho carácter y muy decidida. Una gran emprendedora, probablemente fuera de su tiempo”, afirma Amat.
Balbina asumió la dirección de la empresa bajo el nombre de Viuda de Antonio Juan Busquier, convirtiéndose en una figura excepcional en una época en la que pocas mujeres lideraban industrias.
UNA FÁBRICA QUE FUE ESCUELA
La empresa no solo sobrevivió, sino que se convirtió en una auténtica escuela de industriales. Por sus oficinas y talleres pasaron trabajadores y viajantes que más tarde fundarían sus propias fábricas, contribuyendo al tejido empresarial eldense durante décadas.
Años después, un devastador incendio puso en jaque la fábrica, obligando incluso a utilizar el agua del estanque de la plaza Castelar para sofocar las llamas.
La historia de la viuda de Antonio Juan Busquier sigue siendo un ejemplo de resiliencia, liderazgo y compromiso con Elda. “Esta empresa no hay que olvidarla, es un ejemplo para todos”, concluye José María Amat.

Entrevista sobre esta fábrica en Radio Elda:

sábado, 17 de enero de 2026

La Fábrica de Vicente Gil Alcaraz (Los Vacíos)

 Nuestras fábricas: Los Vacíos.

La periodista y locutora de radio Elda Cadena Ser, Toñi Pérez, publica una nueva entrevista sobre el programa “Nuestras Fábricas” que pretende rendir honores a los empresarios y trabajadores de empresas de fabricación de calzados y afines que colaboraron en el desarrollo de la industria del calzado en la comarca del Medio Vinalopó.

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Un recorrido por la fábrica que combinó innovación, excelencia y liderazgo femenino en la industria del calzado eldense.
La historia del calzado en Elda no puede entenderse sin la figura de Vicente Gil Alcaraz y la mítica fábrica conocida popularmente como Los Vacíos.
Así lo explica José María Amat, fundador del Museo del Calzado, quien destaca su aportación decisiva al prestigio del zapato femenino de alta calidad: “Quizás una de las industrias que más contribuyó al mayor prestigio del zapato de mujer en Elda fue la que creó Vicente Gil Alcaraz, conocida por todos como la fábrica de Los Vacíos”, recuerda.
Ubicada en la calle Dos de Mayo, aquel complejo industrial destacaba no solo por su producción, sino también por su arquitectura, con patios interiores, zonas ajardinadas y una imagen moderna para su tiempo.


Más allá del espacio físico, Los Vacíos se convirtió en un referente nacional por la calidad de sus productos y por su apuesta constante por la innovación.
“Era un zapato de señora de altísima calidad, muy reconocido en todo el mercado nacional, y además una fábrica que incorporaba de inmediato la tecnología más avanzada del momento”, subraya Amat. Durante la primera mitad del siglo XX, la empresa mantuvo un espíritu de mejora permanente y contó con una red de viajantes que, con el tiempo, acabarían siendo grandes industriales del calzado eldense, consolidando así una auténtica escuela de aprendizaje y perfeccionismo.


De aquella fábrica salieron nombres clave de la industria, como Salvador Sapena, Manuel Gil o Roberto Santos Noguerón, cuya proyección internacional marcaría una época posterior. Pero también fue singular por su relevo generacional: tras la jubilación del fundador, sus cuatro hijas —Armonía, Celeste, Redención y Blanquita— tomaron las riendas del negocio. “Fue una fábrica dirigida por una mujer, Armonía Gil, algo excepcional en una época en la que el espacio empresarial estaba reservado casi exclusivamente a los hombres”, concluye Amat, poniendo en valor no solo la calidad del producto, sino también el papel pionero de la mujer en la historia industrial de Elda.

Entrevista sobre esta fabrica en Radio Elda:

sábado, 6 de abril de 2019

Elda puede revertir su preocupante pérdida de población

Que no quede la menor duda, si nos lo proponemos podremos cambiar los signos negativos que afligen a nuestra ciudad y le presagian un incierto futuro.
La pérdida de población es una consecuencia de la falta de empuje de la industria y los servicios derivados, eso repercute en el empleo, en el coste de la vivienda, en el valor del suelo, en la renta per cápita, obligando a muchos a buscar trabajo fuera de la ciudad. Pero no debemos caer en el desánimo, esos parámetros pueden revertirse, aunque requiere una fuerza especial por la unión de todos los principales actores: Partidos Políticos, Asociaciones Empresariales y de Trabajadores, con el apoyo de los ciudadanos que deben alentar cualquier iniciativa que tienda a mantener el empleo y crecer.
¿Cómo se hace esto? Es evidente que lo más necesario y definitivo sería una diversificación industrial de nuestra primera industria, la del calzado, pero esto no es ni inmediato, ni posible de la mano exclusivamente de la iniciativa privada, necesita un mayor empuje , como ya ocurriera hace años con los Altos Hornos de Sagunto, por poner un ejemplo. La diversificación podrá venir de la mano de la iniciativa privada, pero para ello pasarían décadas. Por lo tanto y para mantener el empleo y la riqueza, debemos afianzarnos a lo único que tenemos, nuestra industria zapatera para la fabricación de zapatos de alta gama de mujer, ahí está nuestro presente y futuro inmediato. Debemos tener muy claro que, para lo bueno y lo malo, Elda sin el calzado no tiene futuro.
Mantener el empleo en el sector pasa por mantener nuestra seña de identidad. Es decir, ante la presión industrial y comercial de otras ciudades zapateras, es necesario que la capitalidad zapatera de ese tipo de calzado de alta gama no se diluya, no se apague o se pierda, ese sería el primer esfuerzo. Para ello hay que mantener en «primera línea de batalla»: el prestigio y la calidad del zapato fabricado aquí.

¿Cómo se hace esto? Es evidente que lo más necesario y definitivo sería una diversificación industrial de nuestra primera industria, la del calzado, pero esto no es ni inmediato, ni posible de la mano exclusivamente de la iniciativa privada, necesita un mayor empuje , como ya ocurriera hace años con los Altos Hornos de Sagunto, por poner un ejemplo. La diversificación podrá venir de la mano de la iniciativa privada, pero para ello pasarían décadas. Por lo tanto y para mantener el empleo y la riqueza, debemos afianzarnos a lo único que tenemos, nuestra industria zapatera para la fabricación de zapatos de alta gama de mujer, ahí está nuestro presente y futuro inmediato. Debemos tener muy claro que, para lo bueno y lo malo, Elda sin el calzado no tiene futuro.Mantener el empleo en el sector pasa por mantener nuestra seña de identidad. Es decir, ante la presión industrial y comercial de otras ciudades zapateras, es necesario que la capitalidad zapatera de ese tipo de calzado de alta gama no se diluya, no se apague o se pierda, ese sería el primer esfuerzo. Para ello hay que mantener en «primera línea de batalla»: el prestigio y la calidad del zapato fabricado aquí.
¿Qué medios utilizamos? No cejar en mostrar al mundo a través de exposiciones y lanzamientos de tendencias, desde Elda, ese tipo de calzado que queremos mantener y potenciar. Las ventas directas que puedan derivarse de una exposición, muestra o feria son relativas. De lo que se trata es de mantener en vilo nuestras constantes de calidad, ellas nos llevan a la búsqueda de nuevos mercados y consolidación de los existente, invertir en imagen es importante y necesario. Naturalmente para ello se necesitan más medios, y no sólo de tipo económico. Sumar a esas exposiciones (dos veces al año), la marca «Zapatos de Elda» para afianzar nuestra procedencia es vital. También la tan deseada «Cátedra del Medio Vinalopó» para conseguir que la Universidad-Empresas conveniadas para potenciar nuestro zapato, aporten medios económicos y de imagen.
Para que todo eso funcione es necesaria la presencia de las asociaciones empresariales del sector Zapatero y Elda perdió hace años su liderazgo y también su voz. Ahora dependemos de una asociación comunitaria ubicada en otra ciudad. Elda debe recobrar su fuerza empresarial y su voz para canalizar iniciativas beneficiosas para esta comarca. Por eso no sería descabellada la creación de una Cámara de Calzado, un foro empresarial que marque pautas y arrope a ese amplio grupo de industriales zapateros de la comarca del Medio Vinalopó.
Estas serían las bases y estas las propuestas para, desde ahí, luchar por mantener el empleo y desarrollar otras acciones que vislumbren un futuro para la ciudad. No tomar medidas, no hacer nada, es languidecer en el tiempo y seguir con más de lo mismo, y eso ya sabemos a dónde nos lleva.
Los eldenses hemos superado todos los escollos del pasado, hemos creado donde no lo había y no sólo para nosotros mismos sino para todo el sector zapatero, es hora de pronunciarse de nuevo.
No debemos dudar de que las inversiones en imagen que afiancen nuestra industria actual, revertirán en unos años en beneficio de la industria del calzado del Medio Vinalopó y de la ciudad de Elda en particular.
*Publicado el 5 de abril de 2019 en el diario INFORMACIÓN