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domingo, 30 de junio de 2024

La Industria del Calzado y Afines y la Inteligencia Artificial (I.A.)

 



El futuro de la industria del calzado en España, y en especial en la Comunidad Valenciana, son alguna de nuestras mayores preocupaciones.

 

El descubrimiento de la I.A.

 

Hace escasamente un par de años estábamos en mantilla de los muchos resultados y avances que podríamos obtener con el empleo de la I.A.

 

Me convertí en un alumno de esa novísima tecnología, en la que había pocos maestros y casi todos éramos alumnos ávidos de información. Cuando comprendí de lo que se trataba y los infinitos campos de aplicación, me hice yo mismo la pregunta ¿Cómo la IA podría marcarnos un camino para mantener el protagonismo del zapato español ?

 

La respuesta es contundente

 

Con algunos parámetros sobre la historia industrial de las principales ciudades de la Comunidad Valenciana: Elche, Elda, Villena, Vall dÚxó, y en otros importantes y ejemplares centros productivos como: Valverde del Camino, Arnedo, Baleares, Almansa, Fuensalida, entre muchos otros, la I.A. nos puede dar respuestas que nos ayudan a aplicar soluciones:

 

La industria de la fabricación de calzados en España que alcanzó en 2023 más de tres mil millones de euros en exportación y que supera los 60 mil empleos directos y muchos otros inducidos, además de una actividad opaca que genera ingresos en algunas familias pero que supone un mal endémico de este sector y se ve sometida a fuertes presiones.

Los principales problemas con los que se enfrenta el sector zapatero son: los elevados costes de producción; las fuertes competencias de otros países, además de las propias dentro del territorio nacional; los cambios en el hábito de uso del calzado, proliferando cada día con mayor intensidad el uso del zapato informal, sport o incluso la alpargata calzada como prenda de vestir.

 

¿Cómo puede la I.A. ayudar a la industria del calzado nacional?

 

A lo largo de mi larga vida trabajado alrededor de la industria del calzado, tanto como técnico como en la dedicación a la enseñanza, he podido enlazar una retahíla de posibles soluciones, a medio y a largo plazo, que ahora la I.A. me refrenda.

 

Aunque solamente sea a nivel argumentario, merecería la pena centrarnos en los “remedios” que la Inteligencia Artificial nos propone, quizá al lector les parezca obvio, pero no lo es tanto cuando se trata de un conjunto de acciones que deben encaminar a sustentar y aumentar nuestro nivel de competencia, y con ello, la riqueza y el empleo de uno de los sectores pilares de la economía nacional. 

 

Fortalecer la formación y capacitación:


* Elaborar programas técnicos y especializados en el diseño, producción y comercialización de calzado de alta gama.


* Fomentar la investigación en nuevas tecnologías, materiales y procesos de producción para el calzado de alta gama.


* Facilitar el intercambio de conocimientos y experiencias entre empresas, instituciones educativas y centros de investigación.


Mejorar la competitividad empresarial. El apoyo a las PYMES:


* Conceder asistencia técnica, financiera y administrativa a las pequeñas y medianas empresas del sector para que puedan innovar y aumentar su productividad.


* Ayudar a las empresas a acceder a nuevos mercados internacionales a través de ferias, misiones comerciales y otras iniciativas.


* Incentivar la colaboración entre empresas para desarrollar proyectos conjuntos, compartir recursos y optimizar la cadena de valor.


Reforzar la imagen de marca:


* Promocionar el calzado de España: Difundir la calidad, el diseño y la tradición del calzado a nivel nacional e internacional.


* Desarrollar una marca distintiva que agrupe y represente a los fabricantes de calzado de determinadas gamas y zonas zapateras.


* Participar en ferias y eventos internacionales de moda para dar a conocer el calzado español a compradores y consumidores potenciales. Con una fuerte apuesta por la imagen de España-Calidad, reactivando e impulsando las propias ferias de calzado en España.


Aprovechar las nuevas tecnologías:


* Crear plataformas colectivas de comercio electrónico para facilitar la venta de calzado de alta gama a clientes en todo el mundo, con la singularidad de cada zona geográfica.


* Utilizar de forma profesional las redes sociales, el marketing de contenidos y otras herramientas digitales para promocionar el calzado y llegar a nuevos públicos.


*  Incorporar nuevas tecnologías en los procesos de producción para mejorar la eficiencia, la calidad y la sostenibilidad.


Fomentar la sostenibilidad:


* Apostar por las prácticas de producción y gestión ambientalmente en la industria del calzado.


* Incorporar materiales ecológicos y biodegradables en la fabricación de calzado.


* Educar a los consumidores sobre el valor del calzado de alta gama sostenible, confortable y duradero.


La puesta en marcha de estas medidas puede contribuir significativamente a aumentar la fabricación de calzado de alta gama, consolidando la posición de la industria del calzado español como un referente internacional en este sector.

 

José María Amat Amer

sábado, 9 de julio de 2022

Fallece el autor de la escultura “Zapatero y aprendiz” ubicada en la Plaza del Zapatero

Hace escasos momentos me han comunicado el fallecimiento de Alejandro Pérez Verdú. Un eldense que marchó de su pueblo siendo muy joven y que siempre soñó con su querida Elda.
Para los que no lo conocieron debemos resaltar aspectos de su vida que han dejado una profunda huella en nuestro pueblo.
Alejandro, “el que puso alma a las piedras”, como en una ocasión se le calificó por transformar en obra de arte su trabajo sobre bloques de granito.
El hombre que hoy nos deja fue el que un día realizó el monumento al zapatero y aprendiz que se instaló en un recogido rincón de la Plaza del Zapatero.
En el momento de su despedida recordamos cómo lo conocimos y cuál fue su generoso ofrecimiento.
Alejandro vivió su niñez y temprana juventud entre Elda, su ciudad natal, y Las Casas del Señor, donde residía parte de su familia; trabajando de pastor se entretenía en moldear y esculpir objetos sencillos de la vida cotidiana. Por las necesidades familiares, no pudieron prescindir de él como soporte económico y creció sin haber pisado una escuela, esto lo digo para resaltar la ejemplaridad de un hombre que tenía unas cualidades innatas, que lo hubiesen aupado a cotas mucho más importantes, si hubiese contado con la formación y la cultura que hoy se les da a todos, pero en otra época de nuestra historia, solo era un privilegio de unos pocos.
Verdú marchó para hacer el Servicio Militar obligatorio a la bella isla de Menorca, y a pesar de sus limitaciones, en cuanto al estudio se refiere, pronto se granjeó el respeto y la admiración de sus superiores, que le encargaban monumentos funerarios. Alejandro, antes de terminar la “mili” ya era conocido como artista en su tierra de acogida. Allí encontró al amor de su vida, a su esposa Isabel, y en Es Mercadal creó su propia familia.
Durante mi amistad y admiración por la obra de Alejando Pérez, siempre me hice la misma pregunta ¿el artista nace con un talento especial o se puede aprender a ser artista?
La respuesta puede encerrar dos versiones: los que creen que ser artista es tener un don innato y los que defienden que con una buena formación se puede llegar al mismo fin, que no era el caso.
Alejandro, desde temprana edad se les notaba predestinado al arte, creaba con facilidad, desarrollando con nitidez ideas que llevaba a la práctica y cautivaba al público que reconocían su talento.
Un determinado día del mes de abril de 1996 recibí la llamada de nuestro genial escultor para hacerme entrega de una de sus obras, una bota de media caña que le había inspirado un viejo calzado desechado. Una bota que reprodujo con sus roturas y desperfectos. Me llamaba para hacer entrega de esa obra al Museo del Calzado, pero también para proponerme lo que sería el “sueño de su vida”, realizar una talla de un zapatero de silla y un aprendiz, como regalo y homenaje a Elda.
El sueño de su vida
Me trasladé a Menorca, esa bendita tierra con la que por razones familiares también yo mismo fui cautivado. En un acto sencillo, pero solemne, me hizo entrega de ese legado para un museo que ya llevaba cuatro años abierto al público en el Instituto de La Torreta de Elda.
En la isla “blanca y azul” recorrí varios lugares para admirar sus tallas. Una preciosa fuente en el centro de la ciudad de Alaior; una pila bautismal en la iglesia de Fornell; la talla del almirante Farragut frente al hotel que tiene su nombre; también algunos monumentos funerarios en el cementerio de Mahón, entre otros. Quedé francamente cautivado por su talento artístico y su sencillez en el trato, la ausencia de vanidad de un hombre que siempre agradecía sin esperar nada a cambio.
Alejandro Pérez Verdú me propuso trasladarse a Elda y aquí realizar su talla. Para eso solicitó dos bloques de piedra caliza de casi dos metros de alto cada uno y metro y medio de ancho. Ese fue el primer paso.
Abrimos una suscripción pública y con la ayuda excepcional del semanario Valle de Elda fuimos dando cuenta de las aportaciones que los eldenses, o aquellos que decidían ayudar a esa obra, ingresaban cada semana en una cuenta bancaria abierta al efecto.
Alejandro tuvo el material depositado en la “Casa Colorá” y desde allí trabajó en largas jornadas para que casi un año después, su obra estuviese lista para ser inaugurada. El sueño de su vida estaba a punto de tomar forma ¿y quiénes mejor para representar sus anhelos, recuerdos e ilusiones que un zapatero trabajando en su silla y auxiliado por un aprendiz?
Anécdotas
Podríamos llenar páginas de las muchas anécdotas que surgieron en aquellos meses de intenso trabajo. Las tallas que figuran en la gran peana donde descansa el monumento están representadas por las manos de un cortador y de una aparadora realizando sus tareas. Para representar aquellas sublimes figuras recurrí a mi amigo y pintor Patrocinio Navarro que no reparó en dar sus mejores bocetos para esta obra.
Ese monumento que cada día es observado por cientos de eldenses que pasan junto a él se realizó sin dibujos, sin medidas de sistema alguno y sin apuntes de ningún tipo. Alejandro simplemente, a palmos y a dedos, iba golpeando la piedra en busca de lo que deseaba obtener. Verlo trabajar cada día con el martillo y el escoplo era algo digno de la mayor admiración. Ver cómo sacaba de las piedras las figuras: la mesilla o las sillas de los trabajadores, los zapatos a medio hacer, las herramientas y ¡hasta el botijo!. Algo inaudito que, ni comprendía entonces, ni comprendo ahora, cómo aquel hombre humilde podía crear de la nada, de una simple piedra, unos símbolos tan importantes para Elda, nada menos que el principio de nuestra industria, personas y trabajos con los que él soñaba cada día. Para tallar la cara, las manos y las dimensiones de los personajes de su obra, Alejandro se palpaba su rostro y trasladaba a la piedra blanca las “medidas” de su propia imagen.
El respeto que merece un genio
El zapatero y el aprendiz no serían tan geniales si Alejandro hubiese contado con los conocimientos que ilustran académicamente a los artistas de Bellas Artes, pero nuestro querido amigo todo lo generaba, lo improvisaba y lo intuía.
Muchas veces me he parado ante ese monumento tratando de recordar cómo llegaba a hacer ese o aquel detalle, cómo se las ingeniaba para que no se produjese una sola rotura en un monumento que tiene partes muy difíciles de tallar y frágiles. Era tal el amor a su ciudad de nacimiento, el respeto por su industria que conoció casi en sus albores, que creo sinceramente fueron esenciales para terminar con éxito aquella obra que debemos saludar como la culminación de una vida de añoranza por su pueblo y su calzado. Contemplar hoy ese monumento nos debe sobrecoger, no tanto quizá por el valor artístico que indudablemente lo tiene, sino por el esfuerzo del hombre que lo realizó. Hace poco más de un mes, y como si de una premonición se tratara, pidió a sus hijos que lo llevasen a Elda para despedirse de sus hermanos, pero también para pasear por última vez por sus calles, hoy tan distintas a las que conoció. Se detuvo ante el monumento que esculpió y por unos instantes recobró con nostalgia aquellos duros pero felices días pasados entre sus paisanos.
Alejandro Pérez Verdú, Elda siempre te estará en deuda. Las generaciones pasarán, pero ese monumento seguirá ahí como testimonio de tu amor a la ciudad y a su industria zapatera. Muchas gracias y Descansa en Paz querido
amigo.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Visitando los Museos. Museo del Calzado de San Juan de Madeira en Portugal

Una de mis últimas visitas para percatarme de la realidad de los museos del calzado en Europa, ha sido a San Juan de Madeira, en la zona norte de Portugal, cerca de Oporto, con una superficie muy pequeña de término municipal, apenas ocho kilómetros cuadrados, y una población que no alcanza los 22 mil habitantes.
En esa ciudad, centro industrial del calzado portugués, quedé gratamente sorprendido y asombrado de comprobar que todo lo que deseamos para España y el Museo del Calzado de Elda, en esa población se realiza con acierto.
Museos en lugares emblemáticos
Empecemos por decir que en ese pequeño pueblo hay hasta tres museos: el de calzado, otro de sombreros que rememora la industria del pasado y un tercero de arte contemporáneo. Todos disfrutan de áreas y espacios diferentes en edificios diferenciados y acordes con sus características. El de sombreros en el edificio de lo que fue una gran industria sombrerera de tres plantas, acondicionado con modernos entramados de madera y acero que no desdicen la belleza de las instalaciones y proceso productivo; el museo de arte contemporáneo está instalado en lo que fueron naves industriales cerradas, con amplísimas superficies y una exposición de obras de artistas portugueses y extranjeros.
El Museo destinado al calzado
El edificio destinado a Museo del Calzado es de nueva planta dedicado íntegramente a ese uso, con oficinas, almacenes  y un conjunto de salas que me dejaron atónito. La inversión realizada en este museo es enorme y fue el Ayuntamiento de la localidad el que realizó semejante  desembolso. Pero el mantenimiento es de una fuerza creativa increíble: los paneles programados con información, el servicio de atención al visitante, el conjunto de vitrinas y expositores de diseño  y en relación a su entorno.
La historia del calzado; la historia de la industria de la ciudad; la mecanización de las fábricas; el arte en el calzado y las marcas: la historia de las industrias más representativas de antaño; las marcas de calzado actuales y los diseñadores. Esto y mucho más puede encontrar el estudioso o el visitante de este tipo de museos.
           
Sin embargo lo más impactante para mí fue la proyección de la ciudad desde el diseño y las marcas.
La industria actual, el diseño y las marcas
 
Mención aparte merece el capítulo de promoción de las marcas y el diseño portugués. Cada uno de los diseñadores y  marcas de mayor prestigio y calidad, disponen de una vitrina individualizada donde se exhibe un zapato con el historial correspondiente. Acompañando a este ilustrativo reclamo, se presenta en un panel electrónico un índice alfabético donde el visitante se introduce en la marca o empresa y sigue las líneas de producción, de calidad y de diseño. Una forma de promoción magnífica que dirige al posible comprador, con una pincelada de información, al producto que pudiera interesar.
El Museo del Calzado portugués recrea con orgullo el pasado del sector, pero sobre todo el presente y futuro. En un edificio amplio y con posibilidades de ampliaciones sucesivas para poder unir otras muestras de complementos, e incluso vestidos de época con calzados al uso. Sencillamente sobresaliente.

sábado, 2 de febrero de 2019

Monumento al zapatero en la ciudad de Almansa



                                     
         
La actividad zapatera en Almansa data de mediados del siglo XIX, ya que hasta ese momento solamente había en la población alguna tenería y zapateros a medida o remendones. Al igual que sucedió en Elda y otras ciudades, se fueron desarrollando talleres familiares y artesanales para autoconsumo local o para la venta en mercadillos de poblaciones próximas. De ahí se pasaría a la creación de grandes y medianas fábricas que daban acogida a los trabajadores que iban abandonando el campo para incorporarse a esa recién creada industria. Como paso en otras poblaciones, la línea férrea entre Madrid, Valencia y Alicante, desarrolló el comercio y disparó las ventas de calzado creando más fábricas hasta convertirse en una importante ciudad zapatera. 
la familia Coloma fue fundamental, siendo Antonio Coloma Gil que, en 1815, era ya artesano zapatero y más adelante desarrollaría una de las industrias más impresionantes de España. Pero Almansa además se especializó en un zapato elegante para hombre, un prestigio que hoy todavía permanece.
El Ayuntamiento de Almansa encargó la construcción de una escultura,  que fue inaugurada en 1986, al escultor andaluz José Noja. Se trata de una estatua de bronce en la que se ve a un viejo zapatero montando un zapato. Está situada en una de las entradas a la primera fase del Polígono Industrial "El Mugrón".

domingo, 18 de febrero de 2018

"Avenida de la Mujer Mejor Calzada de España"




Todas las ciudades deben buscar a toda costa sus señas de identidad, aquello que les une a su pasado, presente y futuro, aquello que les supone un mayor prestigio en defensa y promoción de lo más importante, la consolidación de sus logros, de sus anhelos, de sus aciertos. Elda tiene mucho de que jactarse (alabarse en exceso y de forma presuntuosa), yo diría en lenguaje coloquial, "tiene mucho de que presumir". Pero quizás no sabemos llegar hasta el final y los éxitos se quedan ahí con una transcendencia media. 

Estos últimos meses se habla de cambiar calles y realizar un nuevo callejero. A las personas responsables de esta nueva nomenclatura les diría que busquen denodadamente lo que nos eleva por encima de lo vulgar y nos hace más exclusivos. Además de cumplir  la Ley de la Memoria Histórica. Sobran también nombres de lugares o ciudades que, siendo muy famosas e importantes, poco o nada puede importar que los eldenses las inmortalicemos aún más poniendo el nombre en nuestras  calles. Me refiero a esas grandes ciudades: París, Roma, u otros más genéricos que corresponden a países que no tienen en sus callejeros nombres alusivos a la ciudad de Elda, excepto aquellas ciudades o países con los que nos unen lazos de hermanamiento o vínculos industriales.
Muchas ciudades tiene una avenida de ronda, que no es más que una calle que circunvala el centro de la ciudad ¿pero esto nos dice algo más?. Yo propongo que esa amplia vía con bulevar se asocie a la Mujer Mejor Calzada de España, eso sí nos dice, eso sí es pregonar lo que hacemos bien en favor de nuestro calzado de calidad. Y propongo más; que en esa avenida se coloquen una serie de placas de mármol con el nombre de las mujeres mejor calzadas de cada año, y que junto a esa pieza de mármol se ponga una franja de hormigón para que cada una de esas mujeres mejor calzadas, cuando visitan nuestra ciudad para recibir el homenaje, se grave en el hormigón las huellas de sus pies como testimonio de unos pies que calzando los zapatos de alta calidad de mujer, merecieron ser eternizados en esa impresión. Figúrese el lector que esto mismo lo hubiésemos hecho desde aquel año 1999. Ahora tendríamos una avenida con más de una veintena de nombres y las huellas de los pies de las mujeres que calzaban los zapatos con los que se proclamaron mejores calzadas, una forma más de potenciar a nuestra industria y a la ciudad (a un coste irrisorio).
Pero eso no es más que una parte de mi propuesta. Acuérdense las personas  encargadas de  esa nueva denominación del callejero que hubieron y hay personajes de la vida del calzado que dieron honor y gloria a la ciudad de Elda, unos por sus logros personales, otros por lo que de sus manos y de su trabajo salió para beneficio de nuestra ciudad. Eso sí sería una ciudad con la singularidad de sus hechos y sus personajes, eso nos ayudaría a sentirnos más cerca de la gloria alcanzada en cada momento histórico.  ¿De verdad cree alguien que es más importante ponerle a una calle el nombre de Benelux (por ejemplo) que el de Rafael Romero Utrilles (por poner también aquí un claro ejemplo, de donde salió la frase "Elda, París y Londres").  Un acierto pleno fue la denominación que se realizó de las calles del Polígono Industrial Finca Lacy, allí las calles son "nuestras calles" las que corresponden a las herramientas de nuestro oficio, las que pertenecen a los oficios de nuestra industria. Una ciudad que sabe honrar a sus hijos más notables se honra  a sí misma.

* Publicado en el semanario Valle de Elda. 

sábado, 17 de febrero de 2018

El trágico final para quien generosamente nos donó su museo del calzado. "En memoria de un hombre bueno"



    
                          

En Palencia capital, había un pequeño Museo del Calzado, propiedad de Julio Vibot, un zapatero, que desde muy joven aprendió las técnicas zapateras y tras la Guerra Civil (1936 - 1939), dedicó todos sus esfuerzos a lograr levantar de las sillas de ruedas a personas con grandes traumatismos en los pies. Preparaba hormas, pies simulados y plantillas; su reputación fue extendiéndose por el país; Vibot abrió varias clínicas o consultorios, a los que acudía para tomar medida a sus clientes. Estuvo varias veces en Elda con motivo de las Ferias del Calzado, impartiendo más de una conferencia, igualmente dio charlas en varias universidades. Visité, cuando ni yo mismo imaginaba hacer un museo, aquel local palentino siempre lleno de visitantes. Vibot me transmitía sus experiencias y como empezar para hacer un espacio expositivo atrayente. Yo le expliqué los intentos en Elda por parte de la FICIA en 1964 y 1965 y el fracaso que supuso tras incluso abrir un stand con el nombre de "Museo del Calzado" en aquel 1965. El me animaba y casi cada año acudía a visitarlo y a charlar sobre aquellas piezas maravillosas que contenía su museo. 

Julio Vibot nació en Cuenca de Campos, figurando una placa en su casa de nacimiento. Fue reconocido por su amor al calzado y su trabajo. Cuando a finales de los años 80 le conté mi proyecto de un museo en Elda y quizás, un día, su colección pudiese llegar a nuestra ciudad donde se conservaría para siempre (pero esto no quería ni oírlo), él me decía que si un día tenía que desprenderse de su museo, lo donaría a la Diputación de Palencia, y así lo hizo. Vibot, dada su avanzada edad, cerró el museo e hizo la donación a la ciudad en la que había vivido desde la niñez. ¿Qué hacía una diputación con una amplísima muestra de zapatos en unas tierras en las que no existía tradición zapatera? ¿donde lo ponían?. El museo se envió a un pueblo llamado Astudillo, en la provincia de Palencia, y se le encomendó a las monjas clarisas del Monasterio de Santa Clara; el convento conocido también por el Palacio de Pedro I, que está declarado Monumento Histórico Artístico.
                 

                                                         Julio Vibot en su estudio 
                                                   
            Después de unos meses abierto en ese lugar, el obispo lo cerró inmediatamente (como era de esperar). Mi buen amigo Julio Vibot Tristán, entró en un estado de depresión tal que al recibir una de mis muchas llamadas, me citó en ese pueblecito para donar todo su museo a la ciudad  de Elda que sabría apreciar su obra. Salí a escape hacia Palencia y allí tuvimos una reunión con la superiora de ese Convento; fuimos a la notaría para cumplimentar la donación y lo trasladé a Elda en octubre de 1998.
                                                      Vibot haciendo entrega de su museo
                       
                                          
            La colección Julio Vibot se ubicó en una de las salas del Museo del Calzado y con ella, se vino su antiguo propietario y alquiló un piso en Torrevieja, allí se trasladó a vivir con el fin de estar cerca de "la obra de su vida". Un Alzheimer le obligó a trasladarse a Palencia donde le visité en varias ocasiones, su agravamiento avanzaba y un día me anunciaron su fallecimiento dramático que nunca olvidaré por el impacto que me produjo, esa persona no se merecía eses triste final.
Salió de la residencia en la que le trataban y se desorientó, llegando hasta el rio Carrión, donde tantas veces paseó por sus riberas, perdiendo la vida entre sus aguas. Su recuerdo siempre estará entre las paredes de nuestro museo y en el corazón de los que le conocimos. 

* Publicado en el semanario "Valle de Elda" 20 de enero de 2017