Trabajadores de la fábrica de Porta a la salida del trabajo.
De cortador a empresario, Porta dejó una huella imborrable en la industria del calzado y en la historia de la ciudad
J. María Amat habla de Antonio Porta Rausa: de cortador a empresario.
Antonio Porta Rausa comenzó su carrera en los talleres del barrio de Tobar, donde aprendió el oficio de cortador y zapatero en un entorno donde los límites entre los oficios eran difusos. José María Amat recuerda: “Antonio Porta Rausa se inició trabajando en la fábrica de José Tobar. Allí, los oficios se mezclaban: un cortador podía montar zapatos, y un zapatero hacía pinitos cortando. Todos se perfeccionaban en la fabricación manual.” Esta experiencia formó la base de lo que sería su futura fábrica de calzado de alta calidad.
Primer taller y apoyo clave
Su primer taller se abrió en la calle Padre Manjón, cerca de lo que hoy es el Centro de Especialidades, con la ayuda de Norberto Rosas, proveedor de curtidos que facilitó la materia prima más cara del calzado. Amat destaca: “La piel era el material más caro, y gracias a Norberto Rosas muchos fabricantes pudieron establecerse de forma autónoma.” En esta etapa, Porta consolidó su reputación como artesano y emprendedor visionario.
La fábrica y la expansión internacional
Con el tiempo, Porta trasladó su negocio a unas naves en lo que hoy es la calle Elía Barceló, cerca de la Plaza Zapatero. Allí se producían zapatos de bottier, cada suela hecha a mano, y se organizaban secciones específicas para cortado, preparación de suelas y oficinas. “Antes de la Guerra Civil, la fábrica ya exportaba a Francia, Alemania, Holanda, Estados Unidos y Puerto Rico, sin abandonar el mercado nacional,” señala Amat. La empresa también se convirtió en escuela para futuros empresarios y artesanos del calzado
Ingenio y humor
Antonio Porta no solo destacó por su talento industrial, sino también por su carácter y sentido del humor. Amat cuenta: “Recuerdo una anécdota con la marca ‘El Gato Negro’. Alguien denunció que la había copiado, pero Antonio respondió: ‘Señoría, no es un gato, sino una gata’. El juez cerró el caso, y todos celebramos su ingenio.” Así, Porta consolidó su legado como pionero del calzado eldense y ejemplo de esfuerzo, creatividad y pasión por su oficio.

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