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miércoles, 12 de noviembre de 2025

Elda, 25 años premiando la elegancia española. “La Mujer Mejor Calzada de España”.

 

                                              Versión ilustrada de algunas de las premiadas

 En Elda, mi ciudad, donde el sonido de las máquinas y el olor de los pegamentos y cueros formaron parte del paisaje cotidiano, el calzado no es solo una industria, es una forma de cultura.

Desde hace veinticinco años, nuestro pueblo rinde homenaje a su mayor seña de identidad con un galardón singular, el Premio a la Mujer Mejor Calzada de España, una distinción que aúna arte, elegancia y tradición.

Más allá de la curiosidad o del brillo mediático, el premio representa un tributo al buen gusto, al saber calzar y, sobre todo, al valor de un producto que ha hecho historia en nuestro país: el zapato español de calidad, instituido por el Museo del Calzado de Elda que ostenta la propiedad intelectual, inscrita en EUIPO, como prueba de un logro irreversible. Con este reconocimiento se busca destacar la importancia del calzado como expresión de personalidad, pero también, como emblema de una industria que ha sabido mantenerse fiel a sus raíces mientras se adapta al ritmo del mundo moderno.

Elda, capital del buen calzado

El premio tiene para Elda un significado que trasciende lo simbólico. Esta ciudad, corazón del llamado Elda-Petrel Shoe Valley, o lo que es lo mismo, pero en español, “Valle del Zapato de Elda y Petrel”, ha sido durante décadas, desde finales del siglo XIX, uno de los grandes centros productores de calzado de alta gama en Europa. Cada par que sale de sus fábricas y talleres es el resultado de una combinación magistral de oficio, paciencia y detalle.

Cuando cada año una figura pública, ya sea una actriz, periodista, modelo o miembro de la sociedad más notoria, recibe el título de Mujer Mejor Calzada de España, esta distinción lleva consigo parte de esa historia colectiva. Mujeres como: Concha Velasco, Anne Igartiburu, Paz Vega o la Baronesa Thyssen-Bornemisza, entre muchas otras, han contribuido a proyectar la elegancia y el saber hacer del calzado eldense, actuando como auténticas embajadoras de una tradición que pisa fuerte dentro y fuera de nuestras fronteras.

El poder de la imagen

En tiempos en los que la comunicación se mide en segundos y en pantallas, el poder de una imagen bien elegida puede llegar donde no alcanza la publicidad convencional. Asociar el calzado español de calidad a una mujer distinguida, admirada o influyente, convierte este galardón en una herramienta de promoción tan efectiva como refinada.

La Mujer Mejor Calzada no es solo una musa del diseño: es también el rostro visible de un sector que reivindica la autenticidad frente a la producción masiva y la despersonalización de la moda. Su figura ayuda a difundir el valor de lo artesano, del estilo bien entendido y del lujo discreto que define al zapato hecho en España.

Proyección

Un jurado profesional es la base para consolidar el prestigio del premio, un factor que, según la estrategia de Berlanga, repetía siempre: “El jurado de estos premios debe robustecer y enriquecer el prestigio del galardón, tanto o más como la figura a la que se pretende homenajear”

  


  
El jurado de 2003 reunido en Madrid para fallar el premio a la Mujer Mejor Calzada. En la foto de izquierda a derecha: Luis Alberto de Cuenca; Luís García Berlanga; Juan Pascual Azorín; Joaquín Planelles; Antonio Porpetta; Lourdes Ventura; La princesa Tessa de Baviera; Alicia Mariño Espuelas y José María Amat, completaba el jurado la actriz Concha Velasco.

El premio, además, sirve para fortalecer la relación entre la industria y la cultura. Cada edición se convierte en un escaparate donde confluyen la creatividad de los diseñadores, la precisión de los artesanos y la sensibilidad de quienes saben apreciar un trabajo bien hecho. El Museo del Calzado de Elda, custodio de la memoria de este oficio, encuentra en el galardón una forma de mantener viva la conexión entre pasado y presente, y de conformar una pasarela internacional que proyecte la trayectoria del zapato español.

Porque el calzado no es solo un complemento, es un lenguaje que habla de elegancia, identidad y carácter. Y en ese idioma, Elda lleva muchas décadas escribiendo su propia historia con paso firme. El premio a la Mujer Mejor Calzada de España no celebra únicamente la belleza o el estilo, sino la dignidad de un oficio que convierte cada zapato en una obra de arte.

Este 2025 celebramos los primeros veinticinco años de uno de los galardones más emblemáticos del sector zapatero. Un premio que distingue a mujeres convertidas en iconos del buen calzar, y cuyos pasos, firmes y elegantes, siguen acercando el calzado español a la excelencia y al reconocimiento internacional.

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Premio a la Mejor Calzada: 25 años de historia y estilo en Elda


Elda se prepara para celebrar la entrega del Premio a la Mejor Calzada, un evento que ha colocado a la ciudad en el mapa de la moda española durante más de dos décadas. Este 2025 es especialmente significativo, ya que marca el 25 aniversario de la creación del premio, nacido en el año 2000 con el objetivo de reconocer a las mujeres que destacan por su elegancia y buen gusto al calzar. Tras algunos años de pausa, la ciudad vuelve a brillar con un evento que combina tradición, moda y cultura.

 El premio surge como una extensión del Museo del Calzado de Elda, fundado por José María Amat, quien destaca la importancia del zapato como reflejo de la personalidad de quien lo lleva: "El zapato es, probablemente, la única prenda que realmente conserva la huella de quien lo lleva. Guarda la forma de caminar, bailar o actuar de la persona." Gracias a esta visión, el museo comenzó a recopilar zapatos de personalidades relevantes y a vincularlos con un galardón que celebra la excelencia.

                     

Jº Mª Amat se encuentra con Berlanga el 8 de agosto de 1997 para presentar iniciativas en favor del prestigio de la industria eldense y del sector del calzado español. / Cedida

Desde su primera edición, el jurado ha estado compuesto por figuras destacadas de la cultura, la literatura y la moda. Amat recuerda cómo se estableció este cuidado proceso: "Luis García Berlanga decía que el jurado tenía que ser tan importante como el propio premio, porque si no, la calidad de las mejores calzadas bajaría con el tiempo." Con el paso de los años, la combinación de elegancia y reconocimiento cultural ha consolidado el premio como un referente único en España, vinculado tanto al talento local como a la proyección internacional de Elda como capital del calzado femenino.


El evento no está exento de anécdotas que reflejan su lado más humano y divertido. Amat recuerda, con humor, los momentos que han quedado en la memoria del museo: "La baronesa Thyssen llegaba en coche porque le daba miedo volar, y nosotros marcábamos el camino desde nuestro coche… ¡como en una película de espías, pero con tacones y stilettos!" Estas historias muestran que detrás del glamour y la ceremonia, el Premio a la Mejor Calzada es también una celebración de la cercanía, la simpatía y la pasión por el calzado que caracteriza a Elda. 

Entrevista sobre el premio a la Mujer Mejor Calzada de España en Radio Elda

 https://cadenaser.com/.../premio-a-la-mejor-calzada-25.../

PUBLI

lunes, 8 de agosto de 2022

Ha muerto la viuda de Luis García Berlanga

 

Ha muerto la viuda de Luis García Berlanga
María Jesús en primer término, y la princesa Tessa de Baviera celebrando la Mejor Calzada

Hace escasamente unos minutos me acaban de comunicar el fallecimiento de María Jesús Manrique. Se casó con Luis en el año 1954 y formó una gran familia numerosa con cuatro hijos varones. Su peor momento sin duda fue en el año 2002 con el fallecimiento de su hijo Carlos. En aquel fatídico año, Luis y yo ya éramos amigos y el dolor por la pérdida de un hijo no es comparable a nada. Tengo que decir que su tragedia era volver a revivir en mí también momentos amargos que supongo todos tenemos en la vida. Mis frecuentes llamadas y los intentos para consolar lo inconsolable seguramente no tendrían muchos resultados en una persona como Berlanga que, por encima de todo, sabía asumir sus aciertos y sus “pérdidas”, pero al menos tenía en mí a un amigo que comprendía su estado de ánimo.

María Jesús y el Museo del Calzado

Si Luis, por su confeso fetichismo del zapato de tacón de aguja, era un enamorado de cada pieza del museo de Elda y de todo lo que emanaba desde esa institución, María Jesús, enormemente respetuosa con esa inclinación fetichista de su esposo, la toleraba, aunque jamás la escuché una sola palabra que denotase en ella tal inclinación. Con su sonrisa socarrona, casi burlona y un poco pícara, levantaba las cejas o se encogía de hombros cuando Luis comentaba en su presencia la atracción por ese tipo de zapatos. María Jesús, en la época en la que la conocí, calzaba un tipo de “sabrina” casi sin tacón, era con lo que más cómoda caminaba. El museo de Elda también llegó a enamorarla.

Eterna acompañante y con una enorme energía

Durante unos años en los que Luis fue presidente del Consejo de Administración de la Ciudad de la Luz, siempre acompañaba a su esposo en esos viajes relámpago a Alicante, algunas veces apenas duraban un solo día, pero ella con su dulzura, simpatía y no menos energía, era la que le “espantaba” a algún que otros fans de su esposo. En más de una ocasión Luis me llamaba a Elda para vernos fugazmente con su esposa y tomar una horchata en Peret. También otras veces tenía que salir en su auxilio para evitar a las personas que, con evidentes muestras de simpatía, querían acercarse a Luis, y éste a sus ochenta y muchos años y sin María Jesús que le acompañara, se sentía un poco mareado.

Nos ha dejado una gran mujer que enamoró a un genio. Como decía Luis, “María Jesús, una jovencita estudiante de Filosofía y Letras, fue el mejor regalo que conseguí de la recia Castilla La Vieja, llevándome a una joya de aquellas bellas tierras”. Y es que “Mariajesú” como la llamaba Berlanga, había nacido en Soria.

Una preciosa joya que hoy se convierte en un icono de amistad

A finales de octubre de 2010, Luis García Berlanga vivía sus últimos momentos. María Jesús nos esperaba una tarde en su casa de Somosaguas y allí fuimos mi esposa María Teresa y yo para darle el último abrazo a nuestro querido amigo. En su lecho, Luis agonizaba y siquiera nos reconoció (creo), nos despedimos con un beso. Al salir de su habitación María Jesús con emoción incontenible se acercó a mi esposa y le hizo entrega de un collar. Un pesado collar hecho con piedras semipreciosas: Lapislázuli, cuarzo tallado, aguas marinas, pequeñas piedras goldstone de color azul, entre otros cristales azules también tallados. “El color azul es el de la tranquilidad, la calma y la paz”, con este presente nos marchamos de aquella casa con el corazón en un puño. Nos quedaba su recuerdo imborrable y un presente de paz, la que deseamos a nuestra querida María Jesús allá donde esté.

lunes, 8 de abril de 2013

Mi amistad con Luís García Berlanga




Cuando Luis García Berlanga, en el año 1999, entró a formar parte de la vida del Museo del Calzado, se iniciaba una singladura que supondría un tiempo de florecimiento para el Museo y una experiencia personal inolvidable.

A raíz de una carta, casi impersonal, en la que se solicitaba calzados de algunos personajes famosos, la inclusión de Berlanga en esa relación, iba a traer aparejado la entrega total y absoluta del cineasta, a favor de nuestra causa, la causa del Museo del Calzado, y con ella, un apoyo indiscutible a la industria del calzado en general y al zapato eldense en particular, a través del Museo de nuestra ciudad.

Un buen día sonó el teléfono en mi despacho del Museo y una voz femenina me anunciaba que se iba a poner Luis García Berlanga, pregunté si se trataba del famoso director de cine y su secretaría me confirmó que efectivamente era él mismo que quería hablar con el director; sus primeras palabras me sonaron un poco agresivas, pero con el tiempo esa era la forma con que nuestro querido amigo trataba sus temas preferidos, vino a decir más o menos que ¿Cómo habíamos creado un Museo del Calzado sin que él tuviese conocimiento?, aquello me sorprendió, ya que conocía muy poco de su afición por el calzado y su pasión fetichista por la simbología que representaba el calzado de mujer y especialmente, el de tacón de aguja. Le expliqué un poco por encima como habíamos llegado a ese momento de mediados del año 1999 y que ese Museo existía desde el año 1992, aunque en un lugar más modesto; me insistió en conocerlo y quiso saber más sobre el contenido del Museo; los zapatos expuestos, si había o no bibliografía y todo lo demás….; como la explicación se alargaba demasiado (Berlanga era un gran conversador y cuando hablaba de lo que le importaba nunca tenía fin); le propuse, para explicarle mejor los detalles de este Museo, viajar a Madrid y allí concertar una visita para recibirlo en Elda y que comprobase por él mismo, lo que le parecía increíble sin su intervención. Antes del viaje a la capital de España, tuve varias llamadas recíprocas, que eran interminables, unas veces me llamaba él y otras era yo el que solicitaba su atención, la cuestión es que llegamos a conocernos, pero sin habernos visto físicamente, él me pidió que le tutease y hacía lo mismo desde el primer día en que entró en contacto con nosotros.


El teléfono fue el medio empleado para empezar a trazar las líneas de actuación que, con su intervención, empezaríamos a organizar; lo primero era crear un premio para una mujer que calzase con elegancia, los zapatos de tacón de aguja que tanto le gustaban, pero para eso necesitábamos a alguien que pusiese los medios y eso era una labor mía; durante un tiempo estuve pensando quien podría asumir el coste de ese posible premio y los gastos que de él se derivasen; hablé con Joaquín Planelles, gerente de Textilín S.L., quizás más como amigo que como colaborador, pero la idea le pareció estupenda y se ofreció para financiar ese premio si Berlanga estaba en él, tal fue su entusiasmo que en una posterior conversación con Luis  le dije que ya teníamos a la persona indicada y quedé en que en esa, mi primera visita para conocerle personalmente, Joaquín me acompañaría.; así fue, juntos nos presentamos en un restaurante situado en la Casas de Campo de Madrid, para conocer al cineasta y plasmar lo que sería nuestro concurso y su participación.

Primera visita a Madrid para conocer a Luis García Berlanga

A mediados de 1999, llegamos al sitio acordado y nos vimos por primera vez las caras, como es natural, yo ya lo conocía y traté de documentarme sobre su vida y su obra, mi impresión es como si le conociese de toda la vida; ese día se inició una amistad que dejó una profunda huella en mí, como explicaré más a adelante, pero que suponía un impulso importante para el Museo y nuestro calzado. En el transcurso de nuestra primer comida, que resultó ser una comida de trabajo, hablamos de todo, especialmente del Museo, traté de describirle como se creó, como se consiguieron los estímulos y el dinero de la Generalitat para hacer semejante inversión en edificio, como se consiguieron la vitrinas, sin tener un duro (entonces todavía regía la peseta), como se realizó el proyecto museológico, quienes trabajaban en el Museo y muchos otros aspectos que iban despejando sus dudas.





Premio a la mujer mejor calzada de España

En esa primera visita ya se puso sobre la mesa alguna de las ideas para que el premio llegase a feliz término, la presencia de Joaquín avalaba la viabilidad del proyecto; conforme hablábamos, Luis iba interesándose más y más con el Museo de Elda, la tarde se hizo corta y casi pasadas las siete, nos despedimos para regresar a Elda, no sin antes quedar para ir puliendo las bases del premio y la visita que tendría que realizar a Elda para conocer el Museo y la ciudad, en la que ya estuvo en el pasado, con motivo de haber pronunciado un pregón de fiestas de Moros y Cristianos, que para él no tenía muy buen recuerdo, porque estaba convencido que la improvisación del discurso no resultó lo bien que le hubiese gustado quedar, a lo que le contesté que su sola presencia en nuestra más popular fiesta, era bastante para que en sí mismo fuese un éxito.


La primera visita de Berlanga al Museo

En el invierno de ese mismo año, 1999, Luis llegó a Elda, vinimos desde el aeropuerto, donde fui a recibirlo y en el viaje le propuse visitar también una fábrica de calzados que había en el centro de la ciudad y que fabricaba zapatos para “drakuin”, allí vería calzados que se salían de lo normal y estaban destinados a ese tipo de personajes y espectáculos, le pareció muy buena idea porque este calzado tenían una connotación, también erótica, y estaban dentro de sus preferencias. La visita al Museo del Calzado fue, además de muy esperada, espectacular, le explique prácticamente todo y él lo escucho con sumo agrado, preguntando de donde había llegado este o aquel tipo de calzado o herramienta. Una visita en la que disfruté porque veía que el visitante también estaba pasándolo bien; pero al término y tras firmar en el libro de honor, vino mi primera sorpresa, le habíamos preparado una foto suya para que la dedicase (la foto la debimos sacar de alguna revista o quizás de Internet, no recuerdo), pero Berlanga, cogió la foto y no solo la dedicó, sino que dibujó a bolígrafo, entre sus manos, un espléndido zapato negro de tacón de aguja.

La formación del jurado

Había que poner en marcha el jurado del premio y para eso necesitábamos que Berlanga se moviese tratando de invitar a personajes de su entorno, así estuvimos varios días hablando por teléfono y él me decía que en los actos a los que asistía, la idea era siempre bien recibida, así que las personas que debían componer el jurado estarían dispuestas cuando las necesitáramos, no obstante, insistí en la necesidad de hacer público los nombres de aquellos que se fueran integrando en el jurado….un día me llamó Luís para decirme que tomase nota, personajes en firme: Mario Vargas Llosa, con el que había hablado personalmente y estaba dispuesto a formas jurado (más tarde cuando se fue a fallar el primer premio, Vargas estaba fuera de España y no pudo asistir), también se propuso a la periodista del país Maruja Torres (que al final tampoco se integraría) y a Concha Velasco (que era su gran amiga y actriz preferida); le comenté que él debía presidir ese jurado, a lo que en principio no puso pegas, pero una llamada, pasados unos días, me anunció que había encontrado una persona que podía presidir el jurado mejor que él mismo; la princesa Tessa de Baviera que es muy simpática, extrovertida y le hacía ilusión, me desplacé a Madrid y allí me presentó a Tessa, con la cual fue muy sencillo hacerme amigo, ya que fuera de encontrar a una mujer de la nobleza, algo distante, encontré a una señora simpatiquísima que me brindó su amistad desde el primer momento.


Elección de la mejor calzada

Acudimos a Madrid a fallar el primer premio a la mejor calzada y allí esperaba, Concha Velasco, Luís, Tessa y los demás estaban ausentes, se propuso el nombre de Lourdes Ventura, una mujer que formaba parte de la nueva intelectualidad española, escritora y reconocida en los círculos literarios. Se falló el primer premio y se le concedió a la Infanta Elena, había estado recientemente en Elda, en la inauguración del Museo y que calzaba unos zapatos exquisitos en tafilete y seda marrones, en principio la Infanta aceptó (la gestión se le encomendó a Tessa), sin embargo poco tiempo después la Casa Real desestimó la idea y tuvimos que contactar con otro personaje del momento para que aceptase el premio, sería Ana Rosa Quintana periodista y presentadora de Televisión.






Premio periodístico Luís García Berlanga

Dentro de esos contactos que ya se realizaban con cierta frecuencia, se propuso hacer un concurso periodístico exaltando el zapato de mujer, ese premio, en principio de carácter internacional, debía estar publicado en cualquier medio, el jurado sería el mismo que el de la mujer mejor calzada, pero la presidencia, esta vez la aceptó Berlanga y el premio también estaría asumido económicamente por Textilín. Un tiempo después se uniría al jurado, Antonio Porpetta y muchos más tarde también el que fuera Secretario de Estado de Cultura y Director de la Biblioteca Nacional, Luís Alberto de Cuenca.
En esa primera ocasión el premio recayó en el escritor Juan Manuel de Prada, que es escritor, crítico literario y articulista; pero después vendrían otros personajes no menos conocidos y excelentes escritores: Fernando Sáchez Dragó, que incluye en su página web, entre otras, las siguientes frases fechadas en Julio de 2005: "La ministra de Cultura, Carmen Calvo, quien abogó hoy en Elda por el calzado español como producto de 'belleza y moda', al margen de objeto de uso cotidiano, entregó hoy al escritor Fernando Sánchez Dragó el premio del concurso de trabajos periodísticos sobre zapato femenino 'Luis García Berlanga"; o Antonio Gómez Rufo, escritor, biógrafo de Luis García Berlanga y co-guionista de la película “París-Tombuctú”, entre muchos otros.



Mis encuentros con Berlanga en Madrid

A partir del año 1999 las visitas a Madrid  con motivo de las Ferias del Sector o simplemente por cuestiones personales, siempre empezaban o acababan con una visita a Luis García Berlanga, él tenía unas oficinas en la calle Gaztambide, en uno de los pisos de un edificio clásico de la ciudad, donde con una secretaría, concentraba sus proyectos y canalizaba su trabajo. Era una casa de techos altos con puertas enormes y tarima de madera, de las muchas que abundan en esa parte límite del llamado "Madrid de los Borbones"; su mesa y sus estanterías estaban llenos de recuerdos, galardones, placas y pergaminos; allí hemos pasado muchas horas hablando de zapatos, del Museo y de nuestros proyectos; después a la hora de comer, salíamos a una pizzería que había enfrente y en una discreta mesa, comíamos algo, entre algún que otro chascarrillo de los que a Luís le gustaba comentar.

En las Ferias del Modacalzado, en Marzo y Septiembre, pasaba a por Berlanga y juntos íbamos a la inauguración de las Ferias, allí visitaba los stands de los fabricantes que calzaban a “La mejor calzada”. El cariño que sentía la gente por Luis era evidente en todos los lugares públicos a los que le acompañaba, recuerdo muchos momentos en los que, con gran paciencia, atendía a los piropos que muchas personas le dedicaba, o firmaba en los lugares más inesperados sus dedicatorias o autógrafos: manteles, servilletas, sombreros…y naturalmente alguna foto o lámina; ese cariño y respeto me sorprendió un día en una cena en el Hotel Wellington de la capital, estábamos cenando en un lugar discreto, con Tessa, su esposa Maria Jesús, mi mujer y un matrimonio amigo, y se acercó a la mesa el entonces alcalde de Madrid; Alberto Ruíz-Gallardón, se fundieron en un abrazo y Luís nos fue presentado a cada uno de sus acompañantes, por cierto, allí mismo en unos minutos le habló del gran Museo de calzados que había en Elda y en el que él mismo estaba colaborando.

Otro día, con motivo de la inolvidable exposición que hicimos en el Palacio de Bellas Artes de Madrid, patrocinada por la firma Hispanitas, Berlanga acudió acompañado de Concha Velasco y asistieron a la “llamada” varios personajes de las artes y de la cultura de la capital, entre ellas recuerdo a Sara Varas, entre otros ilustres y afamados personajes.

Las visitas a Gaztambide ya eran constantes y entre visita y visita, cuando pasaban varios días sin comunicar con su teléfono, Luis me llamaba solamente para contarme alguna cuestión personal, relacionada con su trabajo o con su ajetreada actividad diaria, muchas veces he pensado que aquel hombre que me brindaba su amistad de esa forma, demostraba una enorme generosidad al darme ese trato y por mi parte prestaba la máxima atención a cualquiera de sus sugerencias.

Los viajes a Alicante

Cuando le nombraron gerente de la Ciudad de la Luz (en construcción), sus viajes a Alicante eran muy frecuentes y allí, cuando acababa sus jornadas de trabajo, primero en el Hotel Meliá y después en el Amérigo, me llamaba para que le acompañase los últimos momentos de su estancia, ya libre de trabajo. Mi mujer y yo acudíamos a por él y juntos nos marchábamos a recorrer parte de las zonas más interesantes de la provincia: Campello, Benidorm, Guadalés, Campoamor, Cabo Roig o Torrevieja, siempre haciendo tiempo hasta que saliese su vuelo hacia Madrid. Luís me contó sus proyectos (entre ellos Paris Tombuctú). Una mañana llamó desde su habitación para decirme que estaba algo mareado y que al bajar al hall del hotel en el que se alojaba, algunas personas le rodeaban y le saludaban, con la natural buena intención,  me decía que cuando viajaba con su esposa y se producían estas manifestaciones de cariño, que no siempre soportaba, ella sabía muy bien como alejarlas con buenos modales y buenas palabras, pero ahora al viajar solo, eso le mareaba, me pedía si podía ir a recogerle para sacarlo de ese ambiente; así llegábamos a media mañana y nos despedíamos del hotel, tras una horchata en Peret (le encantaba el sitio y la horchata), nos perdíamos por esas carreteras. Recuerdo que tras uno de esos viajes, Luis estaba muy agradecido a la paciencia, sobretodo de mi esposa, cosa que ella lo hacía encantada; le quiso regalar algo en prueba de reconocimiento y entramos en una librería, tras elegir un libro y dedicárselo, le preguntó a una señorita que había allí: “Señorita, tiene algún libro erótico”, esta chica se sofocó y sin reconocerlo le contestó, “Caballero, en esta tienda no vendemos esas cosas”. Con una sonrisa y mucha paciencia, Luis le explicó a aquella señorita lo que era el erotismo y lo poco de inmoral o maligno que había en ello ………


Las visitas a la radio

Berlanga tenía un espacio fijo los sábados sobre las cinco de la tarde en Radio Nacional de España, en esa hora que estaba frente al micrófono, hablaba y hablaba de sus películas, su trabajo, o su vida, que por cierto seguía mucha gente que llamaban a la emisora. Algunas tardes, en Madrid o cuando le cogía en Alicante, le acompañaba y me sentaba a su lado como testigo mudo, disfrutando de sus historias, pero un día me sorprendió porque habló del Museo del Calzado y me dio paso para que explicara cómo era ese Museo. Luís llevaba siempre nuestro Museo en su pensamiento y en la primera ocasión que se le presentaba, lo sacaba a relucir, eso es algo que siempre le agradeceré, además de muchas otras cosas.

París Tombuctú

Berlanga me fue contando, el argumento de la última película que estaba rodando, “París-Tombuctú”, su última película, en ese argumento había un hecho destacado y es que un diseñador de calzados pretendía emular a los grandes diseñadores parisinos, le convencí para que cambiase el guión de la película, en ese pasaje, y hablase de los grandes diseñadores que había en Elda o cuanto menos en la Comunidad Valenciana, como así lo hizo. Algunos de los zapatos, utensilios y herramientas que aparecen en el film, proceden del Museo y al final, el Museo del Calzado figura entre los créditos de la película. Me presentó a alguno de sus ayudantes y estuve más de una ocasión en el rodaje de exteriores en Peñíscola.
Luís estaba convencido que esa era la película de la que más se hablaría, en el futuro, él estaba convencido que esa cinta superaría a cualquier otra de las realizadas hasta entonces; cuando la estrenaron no fue el éxito que cabría esperar, aunque tiene escenas francamente chocantes y berlanguianas; así se lo hice saber un día que vino a cuento, le dije que esa película nunca podría igualar los éxitos de "El verdugo"; "Plácido"; "Bienvenido, míster Marshall" ; "La escopeta nacional"; "La vaquilla" o muchas otras....y él me respondió que la película Paris-Tombuctú, se había adelantado a su tiempo y que dentro de una década sería un film para estudiosos del séptimo arte y daría mucho que hablar, seguí pensando que quizás tuviese razón y que mi mente no acierte a comprender esa genialidad de mi buen amigo: la verdad es que las críticas del momento fueron muy dispares:
"No me río, no me sugiere nada. A veces siento vergüenza ajena" (Carlos Boyero: Cinemanía) "Película libre y radicalmente insumisa" (Vicente Molina Foix: Cinemanía)"Lúcida, misántropa misógina y desesperada. Deliciosa" (Maruja Torres: Diario El País)
"El film más furioso, radical y explícito del último cine español" (Beatrice Sartori: Diario El Mundo)
"Comedia coral, surrealista y en muchas ocasiones demasiado disparatada" (Fernando Morales: Diario El País)





La Academia del tacón de aguja

Luis García Berlanga tenía una enorme ilusión por crear lo que el llamaba “La Academia del tacón de aguja”, la idea era genial, se trataba de reunir en un foro común, a aquellas personas que estuviesen interesadas por el “zapato de tacón de aguja”, desde todo los puntos de vista; diseñadores, fabricantes, distribuidores, escritores o simplemente los que viesen en esto un símbolo del erotismo, como era su caso. En uno de los trabajos de Guillermina Royo-Villanova, que además de ser seguidora y defensora de la obra de Berlanga, es periodista, poeta, crítica de arte y colaboradora de "La Razón", se decía textualmente: "El fetichismo de Berlanga por los tacones alcanzó las cotas más altas con la instauración del Premio Berlanga a la mujer mejor calzada de España y con la constitución de la Academia del Tacón de Aguja, esponsorizada por el Museo del Calzado de Elda, una plataforma cultural para reivindicar uno de los objetos mejor diseñados y más seductores que organiza diferentes actos con el fin de ensalzar esta prenda fetiche entre los fetiches. Toda una genialidad berlanguiana".  

Me llamaba insistentemente cada vez que coincidía en un acto con personajes conocidos o famosos y me hacía tomar nota de nombres y más nombres de gentes a los que él le había comentado la idea, con el fin de hacer una lista de personajes que se integrarían en la Academia, una vez creada; tal era su insistencia, que se lo propuse a una de las marcas más importantes de la ciudad, a “Paco Herrero”, su gerente Belén Puche, aceptó hacer de mecenas y así se lo dije un día a Luis  el cual se presentó en Elda y fuimos al Notario para realizar la escritura, en ella y en principio, figuramos Luis García, Belén Puche, Teresa Jover (la secretaria del Museo) y yo mismo. Se fijó un capital inicial de seis mil euros que puso la firma zapatera.

 Después de aquello fueron constantes las llamadas y las ideas de Luis  me decía que había hablado con el Ateneo Cultural para dar salida al primer acto de la academia y que se invitaba a una charla a uno de los diseñadores más afamados de París; empezamos a trabajar en esta línea, con viajes a Madrid, reuniones con algunos amigos dispuestos a preparar el funcionamiento de la Academia, allí estaba Teresa, el arquitecto Tomás Amat, al que también le encantaba conversar con Berlanga y otros......

El erotismo de Luís García Berlanga

Era un convencido del erotismo, el fetichismo o el sadomasoquismo, pero lejos de considerar que esto era malo en sí mismo, estaba convencido de que era necesario para el ser humano; la libertad de ideas y la puesta en práctica de las mismas, le fue reafirmando en la búsqueda de esa forma de expresión, pero no como deformación de conductas; en un ensayo de Royo-Villanova afirmaba que "era un fetichista confeso pero no obsesivo. Al ser un hombre independiente sin prejuicios ni complejos de ningún tipo sentía la obligación moral de defender aquello que le gustaba, apoyar la normalización del erotismo, del fetichismo, del sadomasoquismo convencido de que lejos de hacer daño es una medicina estupenda para la sociedad, un gran paso para terminar con el cinismo y las represiones tan dañinas para ésta".
 
La defensa de erotismo era a la vez una provocación y un compromiso con sus convicciones.", este pensamiento "berlanguiano" ha sido objeto de numerosos estudios, incluido el Instituto Cervantes de Nueva York. Como se sabe era el inspirador del premio "La sonrisa vertical", en una de cuyas ediciones, el Museo del Calzado contribuyó con un accésit a la narración que tuviese el zapato como protagonista.

Podemos decir que Berlanga era el "erotómano del cine", y era un admirador del erotismo y sobre todo del arte erótico, le gustaba leer, conocer el arte erótico; hacía de ese gusto una afición y se adentraba en conocer esas manifestaciones y sobretodo su historia. Me decía que  el arte erótico, estaba presente en todas las vertientes de las Bellas Artes y de las artes populares, añadiendo que el hombre se diferencia de los animales, también en esto, acabando por decir que el erotismo es una expresión cultural, sin la que el ser humano carecería de una de las motivaciones más importantes de su existencia.

La película que nunca filmó

Su afición por el zapato y la perfección de las líneas siempre lo asemejaba con el trabajo terminado de una buena película, con frecuencia le oía decir que "la culminación de una película era como unos zapatos bien hechos".

Durante un tiempo, Luís me hablaba de una película que quería hacer con personajes extraídos de la vida cotidiana, es decir, no actores profesionales, sin guión, ni argumento, simplemente un grupo de gente que saliese a escena haciendo lo que quisieran hacer y hablando lo que se les ocurriese en ese momento; la verdad sea dicha que eso no acertaba a comprenderlo y le contestaba que sería un enorme follón que acabaría como "el rosario de la aurora", sin embargo su intuición y sus genialidades, se adelantaban en el tiempo y estaba convencido de que la película sería un éxito total; ese fue su pensamiento durante unos años, hasta que dejó de hablar de ello, creo que intuía que tras Paris-Tombuctú, su actividad como director se había acabado, aunque siempre conservaba la ilusión de esa escena (típica berlanguiana) que a modo de chascarrillo me contaba para hacerme reír. Como aquella escena imaginaria que se representaba en la calle Almirante de Madrid, en el año 1940, inmediatamente después de la guerra civil. Un entierro de "dos capas" (clase media, según lo que se pagaba a la Iglesia), el féretro a hombros de deudos, delante dos curas con capas pluviales negras y tras ellos la familia y a continuación muchos amigos....hasta formar una gran cantidad de personas, enfilando hacia el Paseo de la Castellana, en ese lugar estaba pasando el desfile de la victoria (era el 18 de Julio), el cortejo se paraliza, alguien se dirige al oficial que comanda la guardia mora y le pide paso para cruzar camino de la Iglesia (hace calor y el finado lleva muchas horas en la caja), tras una larga discusión, permisos, órdenes (a lo lejos el Caudillo en una gran tribuna), de pronto se da permiso para pasar tras los blindados y antes de que llegue la infantería, se abre el paso y el entierro cruza la calle, a un cura se le cae el bonete, se para el cortejo, los guardias espolean a la gente y al fondo aparece la cabra de la legión y los legionarios a paso ligero, un caos que da con la caja en el suelo....y todo el mundo corriendo, en fin, una secuencia que contada por Berlanga tenía la gracia que solo él sabía imprimir a esas escenas desconcertantes y críticas.

Decido dejar la dirección del Museo del Calzado

Un día del año 2005, creí llegado el momento de dejar la dirección del Museo en manos de personas más jóvenes que siguieran imprimiendo un ritmo ascendente, que probablemente lo impulsara mucho más de lo que yo había conseguido en estos últimos años, ciertamente el Museo del Calzado era mi vida y a él me estaba dedicando en cuerpo y alma, desde aquellos lejanos días de 1992 en que se abrió por primera vez al público en el centro docente donde impartía clases de Tecnología de la Piel; suponía para mí un auténtico trauma, pero precisamente por conservar esa obra en el tiempo y con impulsos nuevos y más vigorosos, era el momento de dejarlo, no quería convertirme en un anciano que supusiese una barrera para mejores logros; pero, ¿cómo decírselo a Luís?; le llamé para decirle que iba a verle para darle una noticia importante para mí y que podría afectar a nuestras relaciones de trabajo; llegué a su despacho de Gaztambide con mi esposa y nos encerramos en su despacho; lo que nos dijimos y nuestra conversación será quedará en nuestro recuerdos más entrañables; sencillamente fue una conversación cargada de afectividad y emoción, porque él no podía comprender que a mi edad pudiese dejar ese Museo por el que tanto había luchado. Mi objetivo era, no solo que comprendiese mi despedida, sino que no abandonase las actividades a las que él daba vida con su solo nombre o presencia. Fue una mañana un poco dura que la recuerdo con dolor, quizás más por el desconcierto que causé a mi amigo, que por casi una despedida de la "primera línea" de nuestros proyectos. Me hizo prometer que seguiría al menos con la Academia del tacón de aguja, hasta que la pusiésemos en marcha y así se lo aseguré; canalizamos por ahí el resto de la conversación, pero siempre recordaré sus palabras y su decepción por ese alejamiento voluntario que no entendía, a pesar de mis esfuerzos en razonarlos.
Tras aquello, seguíamos estando en contacto casi semanalmente y siempre por teléfono, aunque dejó de venir a Elda a presidir los actos que él había impulsado.
Hasta que un mal día Luís me llamó para decirme que le iban a operar de la cadera, a simple vista una operación sin importancia, pero que requeriría un tiempo de rehabilitación, aquello fue el principio del final, se paralizó todo y ya las llamadas giraban sobre su salud que se iba deteriorando por momentos.

El secreto de Berlanga

En el año 2008, decidió guardar un secreto que solo debía desvelarse en el año 2021, coincidiendo con la fecha de su centenario. El sobre lo depositó, de la mano de su nieto, en una caja con su nombre y el número 1034, que el Instituto Cervantes en Madrid, habilitó para personajes ilustres de las artes y las letras españolas, en la caja fuerte del Banco Central. El acto íntimo, en el que estuvo presente su familia y la directora de la institución, se realizó dentro de la sencillez con la que él revestía su propia vida, su hijo, Jorge Berlanga expresó el  deseo de que "en un futuro, al igual que se utiliza el adjetivo 'quijotesco' para definir luchas imposibles, se utilice el adjetivo 'berlanguiano' para calificar lo absurdo, la crueldad y la carcajada".


La despedida de Luis García Berlanga

La salud de mi querido amigo iba deteriorándose por días, incluso en su forma de hablar le notaba más debilidad, fui a verlo a su casa en Madrid y lo encontré más delgado y en un silla de ruedas, después las llamadas se iban haciendo más costosas y complicadas, algunas veces ni siquiera hablaba con él; lo vi alguna vez en televisión en alguno de los homenajes que le tributaron, pero era un Luis mucho más envejecido y siempre en una silla de ruedas. Un día recibí la llamada de su esposa de que estaba peor y marché a Madrid, fui a su casa y lo encontré en su cama, le abracé, le hable, me despedí con lágrimas en los ojos y un fuerte apretón, su cara casi inexpresiva, apenas dejaba ver una mueca de alegría, le pregunté a su mujer, Maria Jesús,  si me reconocía y ella me aseguró que sí, yo no estoy tan seguro, esa fue la última vez que lo vi.



Mi impresión sobre el personaje humano

Quizás por sus películas, por su forma de hablar, a veces mordiente y satírica….podría parecer un hombre que basaba su vida solo en valores humanistas; se dijo de su cine que se caracterizaba por su mordaz ironía y sus ácidas sátiras sobre situaciones sociales y políticas, destacó por su habilidad para burlar la censura franquista con diálogos agudos que permitían las lecturas entre líneas; también he leído sobre los que decía sobre sí mismo: "soy un libertario al que le gustaría morir como un libertino...." y sobre su forma de ser añadía... "Es la mala uva, la mala leche la que me ha guiado y ahora con la vejez las aristas se hacen más agudas"; nada de todo esto me pareció de aquel amigo al que traté, quizás me equivoque, pero creo que en parte era un buen actor y algunas de sus expresiones más provocadoras eran debidas a la libertad que siempre disfrutó y que le permitía incluso ser poco respetuoso con lo que todos respetábamos y buscar el escarnio en lo que casi nadie se atrevía; José Luis Borau, en una de las últimas apariciones del cineasta dijo: "España y los españoles, a nuestro pesar quizás y con gran entusiasmo disimulado, queremos siempre ser berlanguianos", para cualquiera podría infundir temor al "qué dirán" o respeto a determinadas normas; él sencillamente lo buscaba.

 Yo conocí a Berlanga y fui su amigo en una parte muy corta de su vida, pero lo suficientemente intensa para sacar mis propias conclusiones: Luis no era hombre de Iglesia, efectivamente (era todo lo contrario), pero me atrevo a afirmar que era temeroso de Dios. Una persona que es capaz de compartir su notoriedad, de volcarse por los demás, de mostrarse siempre generoso, sin esperar nada a cambio, no puede ser solo una persona que base sus creencias en la simple materia humana. Luis

  pasó por épocas y trances de su vida muy duros y, aunque no lo decía, él sabía o entendía, que la fuerza que nos animaba a realizar esos actos buenos, honestos y generosos, no podía salir solamente de la condición humana, su familia, el recuerdo de sus padres, su hijo (entonces solo había fallecido uno) y, aunque nuestras conversaciones nunca tuvieron esa motivación, creo que Luís García Berlanga, por encima de las genialidades de sus películas, de su actitud desafiante e incluso de sus propias palabras, quería creer que un día se reencontraría con tantos seres queridos que abandonaron este mundo y a los que él echaba mucho de menos.
Mi amigo se fue y, sea lo que sea, yo sí soy hombre de fe y creo en ese mundo futuro que se nos prometió, allí también tengo muchas personas a las que he querido, a los que desearía reencontrar y entre los cuales estará sin duda Luis García Berlanga.

* Publicado en la revista "Alborada" Abril 2013










miércoles, 12 de diciembre de 2012

Berlanga, fetichismo del tacón de aguja y el erotismo del zapato.




Erotismo, fetichismo y tacón de aguja - Recreación de Guillermina Royo. Imagen Google

 El cineasta Berlanga fue un admirador del zapato de tacón de aguja, la simbología de los tacones altos, eran pieza clave en el erotismo berlanguiano.

A lo largo de su vida, pero especialmente en los últimos años, Luís García Berlanga encontraba en el zapato de tacón de aguja un extraordinario objeto de deseo. Sus constantes alusiones al zapato de mujer, al color rojo, al tacón alto, denotaban una enorme atracción a ese fetiche que lo consideraba como un objeto que despertaba el erotismo.

El Museo del Calzado

En el año 1999, se inauguró en Elda (Alicante), un Museo que contenía miles de zapatos y otros objetos, resultado de la industria de fabricación de calzados que ha existido desde hace dos siglos en la zona, además de una gran cantidad de piezas llegadas desde las más diversas partes del mundo.

Berlanga y el Museo

Luís G. Berlanga es conocedor de la existencia de este Museo del Calzado y decide visitarlo, ya que su pasión desde muy joven, era el zapato y lo que para él representaba.

Su primera visita se produciría meses después de la inauguración oficial que presidió la Infanta Elena; la impresión de lo que en este lugar encontró fue mayor de lo esperado, hasta el punto que decidió participar del desarrollo de las actividades de ese Museo y nunca ya se separó de él hasta su muerte en el año 2010.

El Premio a la mujer mejor calzada de España

Una de las primeras sugerencias que transmitió al director del Museo de Elda, fue la de crear un premio o galardón que sirviese de reconocimiento a la mujer que mejor calzase en nuestro país. Completadas las bases, ese mismo año de la inauguración, se pondría en marcha e inmediatamente se fallaría por un jurado en el que, estando Luís presente, recayó la presidencia en la princesa Tessa de Baviera. El Premio a la mujer mejor calzada de España , estaba institucionalizado y se mantendría hasta nuestros días, incluso después del fallecimiento del genial director de cine.

El Premio periodístico Luís García Berlanga

Inmediatamente después, sugirió igualmente, que para promover un mayor acercamiento y estímulo hacia el zapato de tacón, se crease un premio periodístico y como tema obligado debía versar sobre el zapato de mujer, en el aspecto más positivo; el concurso se crearía con carácter internacional y, en esta ocasión, llevaría su nombre y el jurado lo presidiría el mismo.

París - Tombuctú

En los meses en que se estuvo rodando la última película de Berlanga, París - Tombuctú, tuvo una estrecha vinculación con el Museo del Calzado e incluso varió sensiblemente el guión, para que apareciese la ciudad de Elda (sede del calzado en la Comunidad Valenciana ), como el lugar emblemático al que deseaban llegar los buenos diseñadores de calzado.

En la película aparecen escenas en las que están presentes zapatos y herramientas de zapatero, que el Museo aportó complacido. Los créditos recogen esta cesión.

La Academia del tacón de aguja

La última colaboración de Luís García Berlanga con el Museo de Elda, fue la puesta en marcha de la Academia del tacón de aguja; quizás sea este el proyecto que más le ilusionaba de todos los que sugirió; se trataba de crear un foro nacional donde tendrían cabida todas aquellas personas que tuviesen algo que ver con ese tipo de calzado; desde los diseñadores, fabricantes, escritores, usuarias, hasta los fetichistas de ese objeto.

La Academia, aunque quedó constituida, nunca llegó a tener actividad. A pesar de la gran vitalidad de Luís, sus ganas de promover, trabajar y crear, se enfrentó con la enfermedad y la muerte, lo que cercenó aquello por lo que tantas veces manifestó desear.

Berlanga el hombre

Era un convencido del erotismo y el fetichismo , pero jamás pensó que esto era malo ni pecaminoso, al revés, consideraba que el erotismo era consustancial con el ser humano y siempre estaba presente en su existencia. Fue un hombre independiente y sin complejo de ningún tipo, provocador y con un enorme sentido del humor que lo transmitía de forma personal y a través de sus grandes películas.

Lo que se ha dado en llamar, "el pensamiento berlanguiano", ha sido objeto de debate en foros muy importantes dentro y fuera de España.

Consideraba el erotismo como una cultura y con frecuencia hacía saber que esa inclinación estaba presente en la historias y especialmente en la artes y la cultura de los pueblos.

Berlanga era un hombre generoso y cuando algo le gustaba, era capaz de volcarse hasta la extenuación, con el fin de convertir su deseo en una realidad.

 






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domingo, 25 de noviembre de 2012

"La mujer mejor calzada de España", un premio que honra a los zapateros y prestigia nuestro zapato


 

En los últimos tiempos los aires políticos están alterando la marcha del Museo del Calzado. Tras la destitución del anterior director Sr. Cañabate y la entrada de nuevos patronos por parte de los partidos políticos que forman el Ayuntamiento de Elda, se están produciendo unos enfrentamientos dialécticos que en nada benefician al Museo. Por una parte, hay patronos representantes de algunos partidos políticos, que no han entendido lo que es ser patrono de una fundación y así, se han dedicado a airear parte de los acuerdos y de las deliberaciones que se producen en el Patronato, cosa que atenta a la libertad de expresión de los demás patronos y que está en contraposición con el código ético de lo que representa ser patrono; por otra parte, y como consecuencia de todo esto, hemos leído en el periódico local, Valle de Elda (16-XI-2012), las críticas del anterior presidente del patronato y ex-alcalde de Elda, Juan Pascual Azorín, así como la réplica en el mismo semanario (23-11-2012) del actual director del Museo y Concejal del Ayuntamiento, David Navarro.

 Tengo la obligación moral de aclarar posibles malos entendidos que se han venido produciendo en las últimas semanas, creo que es necesario que las personas que han leído lo que se ha escrito, tengan una referencia de quien fue responsable durante los años de 1999 a 2005 inclusive.
        Acto de entrega del premio a la mujer mejor calzada 2001, a la actriz Concha Velasco

El premio nació, como se ha dicho, por una insinuación de mi querido amigo Luís García Berlanga sobre posibles acciones a tener en cuenta para, a través del Museo, potenciar el calzado español de calidad (sin duda con la mirada siempre puesta en Elda y sus empresas); elaboré las bases, el programa de actuación y lo puse en marcha, no sin antes conseguir una empresa que llevase el mecenazgo de ese evento; fue Joaquín Planelles, que participó desde el principio en esta noble tarea y quien, con su empresa Textilín S.L., se haría cargo de los gastos que conllevaba toda la organización, es decir, reuniones en Madrid del jurado (siempre alrededor de una jornada de almuerzo de trabajo), billetes de avión a Elda y regreso, dietas a cada miembro del jurado para paliar gastos de transporte hasta el aeropuerto y viceversa, el acto en sí con la propaganda, folletos, azafatas, flores; los gastos de hotel para cada miembro del jurado, de la mujer mejor calzada y acompañante, etc. y al término de cada acto institucional y para no dejar ir a la homenajeada sin más a su hotel en Alicante (en Elda no se había construido el AC), Planelles invitaba a su cargo o al de su empresa, a una cena privada a la que asistían: la "Mejor Calzada", jurado, Presidente del Patronato y director del Museo, además de la propia familia de quien pagaba la cena y todos los gastos. Así pasaron los años, sin que el Museo del Calzado pusiese un solo euro en gastar nada referido a este premio.
 
 
                                         
Entrega premio a la mejor calzada 2003, Carmen Cervera - Baronesa Thyssen-Bornemisza

A partir del año 2004, y por decisión únicamente del que esto escribe, el acto se hizo público, creí que de esta forma podría tener un mayor impacto mediático, además, el acto institucional se realizaba en el mismo lugar en el que se servía la cena,  en el Hotel AC, allí se montaba una tarima y en ella se sentaban los miembros del jurado, mejor calzada y acompañantes, también el presidente y director del Museo, tras el acto se servía la cena  que era totalmente abierta, es decir, la única condición era pagar el cubierto de la persona o personas que quisiera acompañar a "La Mejor Calzada", (algo similar la entrega del "Zapato de Oro" en Arnedo o los fallos de los premios literarios Nadal, Planeta, entre muchos otros que se llevan a cabo en España); en ese y siguientes años, llegamos a reunir a casi trescientos comensales y como todo debe aclararse, diré que había mesas ocupadas por empresarios y otras por amigos que no tenían nada que ver con el zapato, salvo que son eldenses y orgullosos de tener en Elda, una magnífica industria del arte sutorio; por lo tanto al Museo del Calzado no le costaba nada ese tipo de eventos. Asumí entonces, y asumo ahora, la organización de esos actos y la estricta seriedad de los mismos, a sabiendas de que lo que estaba en juego era el prestigio de nuestros zapatos y de la ciudad de Elda y, en honor a la verdad, debo añadir que siendo la organización enteramente del Museo con su eficiente personal, estábamos asistidos por la firma Textilín, sin que el Ayuntamiento interviniese en nada más que en algún detalle concreto de megafonía o colaboración en el orden externo al recinto.
                        
Acto de entrega del premio a la mujer mejor calzada 2004 a la presentadora de TV, Terelu Campos
 
Todas las personas que vivimos en Elda y luchamos cada día por nuestra principal industria, la fabricación del calzado, debemos tratar de construir sobre lo ya edificado, cualquier comentario negativo, y más si no es veraz, perjudica a nuestro buen nombre y nuestro prestigio, cargándose de un plumazo el esfuerzo de promoción que otros han realizado durante años.