El formilo de Joaquín Planelles
Joaquín
Planelles realizando pruebas del formilo
Hoy quisiera, con una breve
pincelada, detenerme en la dimensión más humana y artística de Joaquín
Planelles, quizá la que mejor explica la huella que ha dejado en la historia
local vinculada al calzado.
Joaquín no solo actuó en el Museo
del Calzado, contribuyendo a convertir en realidad iniciativas que hoy forman
parte del patrimonio del calzado, de su industria y de la propia ciudad de
Elda. Su compromiso iba mucho más allá de la aportación material: era una
implicación íntima, casi vocacional, con la cultura del zapato y con lo que
representa.
No fue diseñador de calzado en el
sentido académico del término, pero su vida estuvo siempre alimentada por el
arte, y supo comprender que ese arte puede dialogar con la industria y
enriquecerla. Entendía que la belleza no es ajena al proceso productivo, sino
que incluso podría ser su alma.
En el ilusionante proyecto de
consolidar el Premio a la Mujer Mejor Calzada de España, diseñó el símbolo de
aquel reconocimiento. Concibió una pieza destinada a trascender, que al mismo
tiempo evocara la industria de componentes y la esencia misma del diseño en su
principio estructural: la horma. A esa creación la bautizó, con su particular
imaginario, “el formilo”.
Durante los primeros años, el
formilo se entregó a las galardonadas como símbolo de elegancia y belleza del
zapato femenino de tacón alto. No era solo un objeto: era una metáfora intangible
del equilibrio entre arte e industria, entre técnica y estética.
Joaquín creó con ello una
sugerencia artística intuitiva y refinada. En más de una ocasión me confesó que
su sueño habría sido ser un “arquitecto de la belleza”. Estoy convencido de
que, de haber seguido ese camino, también habría triunfado, porque poseía la
cualidad más valiosa del creador: la capacidad de imaginar y dar forma.
Tras una vida larga, feliz, y
arropado por su familia y sus amigos, nos deja una senda luminosa, un camino
ejemplar que otros podremos recorrer inspirados por su legado.
Hasta la vista, Joaquín
Planelles.
Quien, como tú, supo amar su
ciudad, ennoblecer su industria y sembrar belleza en cada proyecto, no se
despide nunca del todo.
José María Amat Amer