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viernes, 13 de marzo de 2026

ANTONIO MARTÍNEZ MAESTRE: "BELLINI"

                                          

Fachada de la fábrica en 1942

 

Toñi Pérez, con su extraordinario trabajo de síntesis, nos presenta una fábrica de indudable calidad en zapato de mujer de tipo sport, aunque no fue el único que fabricó, pero quizá si el que más singular y creativo en la gama alta de un zapato dedicado a la "batalla del día a día".

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Hoy abrimos una página de la memoria industrial de nuestra ciudad para hablar de una de esas fábricas que forman parte del ADN de Elda: Calzados Bellini, fundada por Antonio Martínez Maestre. Como recuerda el investigador y fundador del Museo del Calzado de Elda, José María Amat, “Bellini se especializó en zapato sport de señora de alta calidad. No eran los clásicos tacones de aguja, sino zapatos cómodos, elegantes y muy bien elaborados, una versión más funcional del lujo femenino”. Desde sus primeros pasos como representante comercial hasta la fundación de su primera fábrica en Orense, Martínez Maestre, construyó una trayectoria marcada por la dedicación y la visión de mercado.
Tras la Guerra Civil, Antonio regresó a Elda y, junto a su hermano Manuel y un pequeño grupo de trabajadores, levantó de nuevo la producción. Como cuenta José María, “la vida industrial y la vida social se mezclaban en la Elda de aquellos años; incluso los domingos la misa se celebraba dentro de la propia fábrica”. Con la expansión hacia la avenida de Chapí, la fábrica llegó a contar con 60 o 70 empleados y una producción semanal de 500 a 800 pares de zapatos, donde las largas jornadas, incluso los domingos, eran parte del compromiso con los pedidos.
                          Homenaje a un trabajador en su jubilación

Pero más allá de la producción, Bellini dejó huella por su dimensión humana. Según José María Amat, “cuando la empresa cerró, el empresario quiso despedirse de sus trabajadores de una forma poco habitual: les reunió a todos en una comida de hermandad y les entregó un sobresueldo equivalente a un mes de salario”.

                             Vitrina exposición en la I Feria del Calzado

El sonido de las máquinas en las casas, el cuidado de las familias y la presencia elegante de Antonio Martínez Maestre convirtieron cada zapato en mucho más que cuero y costuras: era un testimonio vivo de la historia industrial y familiar de Elda.



jueves, 12 de febrero de 2026

Nuestras Fábricas: Antonio Porta Rausa

 

Trabajadores de la fábrica de Porta a la salida del trabajo.


De cortador a empresario, Porta dejó una huella imborrable en la industria del calzado y en la historia de la ciudad

J. María Amat habla de Antonio Porta Rausa: de cortador a empresario.

Antonio Porta Rausa comenzó su carrera en los talleres del barrio de Tobar, donde aprendió el oficio de cortador y zapatero en un entorno donde los límites entre los oficios eran difusos. José María Amat recuerda: “Antonio Porta Rausa se inició trabajando en la fábrica de José Tobar. Allí, los oficios se mezclaban: un cortador podía montar zapatos, y un zapatero hacía pinitos cortando. Todos se perfeccionaban en la fabricación manual.” Esta experiencia formó la base de lo que sería su futura fábrica de calzado de alta calidad.
Primer taller y apoyo clave
Su primer taller se abrió en la calle Padre Manjón, cerca de lo que hoy es el Centro de Especialidades, con la ayuda de Norberto Rosas, proveedor de curtidos que facilitó la materia prima más cara del calzado. Amat destaca: “La piel era el material más caro, y gracias a Norberto Rosas muchos fabricantes pudieron establecerse de forma autónoma.” En esta etapa, Porta consolidó su reputación como artesano y emprendedor visionario.
La fábrica y la expansión internacional
Con el tiempo, Porta trasladó su negocio a unas naves en lo que hoy es la calle Elía Barceló, cerca de la Plaza Zapatero. Allí se producían zapatos de bottier, cada suela hecha a mano, y se organizaban secciones específicas para cortado, preparación de suelas y oficinas. “Antes de la Guerra Civil, la fábrica ya exportaba a Francia, Alemania, Holanda, Estados Unidos y Puerto Rico, sin abandonar el mercado nacional,” señala Amat. La empresa también se convirtió en escuela para futuros empresarios y artesanos del calzado




Ingenio y humor 

Antonio Porta no solo destacó por su talento industrial, sino también por su carácter y sentido del humor. Amat cuenta: “Recuerdo una anécdota con la marca ‘El Gato Negro’. Alguien denunció que la había copiado, pero Antonio respondió: ‘Señoría, no es un gato, sino una gata’. El juez cerró el caso, y todos celebramos su ingenio.” Así, Porta consolidó su legado como pionero del calzado eldense y ejemplo de esfuerzo, creatividad y pasión por su oficio.

Entrevista sobre esta fábrica en Radio Eda